Club literario El rincón del caminante

DEL POKEMON Y OTRAS PERVERSAS ADICCIONES

DEL POKEMON Y OTRAS PERVERSAS ADICCIONES

DEL POKEMON Y OTRAS PERVERSAS ADICCIONES

Me extrañó ver ayer por la tarde a un gran número de personas paseando abstraídas en un parque de la ciudad observando fijamente la pantalla de su móvil.Parecían estar esperando una llamada o un mensaje urgente. Sus rostros no denotaban emoción alguna. Eran rostros impenetrables, caras de póquer con un rictus en la boca que tenia algo de satánico .

En algún momento perdían su impasibilidad y se dirigían presurosos hacia un lugar determinado del recinto y agitaban el móvil como si quisieran conjurar algo diabólico que se ocultaba tras un matorral o en lo alto de un arbusto. Me preocupó esta actitud y decidí seguir a uno de ellos discretamente intentando descubrir que es lo que motivaba tal agitación.

Era un hombre de mediana edad, sin aspecto de sufrir alguna patología neuropsiquiatrica. Andaba como si el ruido de sus pisadas pudiera alertar a algo o alguien.MDe repente se detuvo y orientó el móvil hacia un punto inconcreto del paisaje que tenía delante y una amplia sonrisa iluminó su rostro. Se giró hacia mí y con una expresión de satisfacción murmuró con voz entrecortada

– ¡Al fin!

Le mire con estupefacción y no supe que contestarle. Mire su móvil, observé a mi alrededor y balbuceé confuso

– ¿El qué?

– Pokemón – respondió monosilabicamente.

-¿Pokemón? – pregunté extrañado.

Me miró con compasión y volvió a repetir secamente

– Si, Pokemón, es el quinto que capturo.

– ¿ Son comestibles?

– ¡No, no! – aulló histéricamente – Hay muchos , están por todos los sitios. Son ubícuos.

-¿Entonces, para qué sirven? ¿Son inofensivos? ¿Transmiten enfermedades?

Me miró con si fuera un apestado y me espetó con aire ofendido.

– Parece mentira que no sepa lo que significa Pokemón. Estudié caballero, estudie y no pierda el tiempo.

Se alejó de mí con paso rápido mientras sonreía con aire ausente sin perder de vista la pantalla de su teléfono móvil. Volví a mi casa, y sin pensarlo dos veces pedí hora a mi médico de cabecera, después de mirarme la lengua en el espejo del cuarto de baño. Tenía un buen aspecto.

imageFIN

 

2 comentarios

  1. Mi buen Alex:
    No cabe duda que el ser humano es curioso, ese juego que describes me parece estúpido. Un saludo.

     
  2. Me ha gustado mucho.
    Saludos

     

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