Club literario El rincón del caminante

Avelino y su suerte

Avelino y su suerte

Puebla es un hermoso estado de la República Mexicana, con dos grandes ciudades: la capital y la señorial ciudad de Tehuacán. En esta ciudad vive la señora Eufrosina Huichahuilota de Cascavelino, madre de mi amigo Avelino. Éste como buen hijo periódicamente la visita. Les contaré lo que le deparó la suerte a mi dilecto compañero de aventuras la última vez que estuvo con su mamita.

 

—Sin pecado concebida —dijo el padre Coruco.

 

Tengo que aclarar que Avelino es obligado por su progenitora a ir a misa los domingos y confesarse con un sacerdote conocido de ella. Se podrán imaginar la regañada que recibe del santo señor, ya que Avelino no es ninguna blanca paloma.

   Por cierto, cuando escuchaba la homilía en la iglesia se fijó que dos bancas delante de él se encontraba el secretario del gobierno del Estado de Puebla, un político cincuentón, chaparro, panzón lleno de joyas y que lo acompañaba su esposa, antigua miss Puebla, hermosa, alta, rubia (recuerden que en siglo XVIII estuvieron los franceses en México). ¡Vaya contraste!, ella todo un cromo de mujer en sus treinta años y su marido que le llegaba al hombro feo como un coche por debajo.

   Avelino procuró que la dama se fijara en su persona y con alegría notó que ella lo miró con buenos ojos. Para no alargarles la historia, el fin de semana Avelino disfrutó del mejor de los placeres en la hermosa residencia del político, mientras éste acompañaba al Gobernador en una gira. La mujer era insaciable, tanto el sábado como el domingo lo obligó a repetir el foreplay no una sino muchas veces.

   ¡Claro!, mi amigo como buen macho mexicano cumplió a cabalidad, aunque al salir de la casa el domingo en la noche estaba más muerto que vivo. Fue levantado por tres guaruras en una camioneta blanca blindada.

 

Doña Eufrosina supo por una vecina chismosa que su hijito había sido raptado y de inmediato fue a la estación de policía a quejarse con el comandante de la misma.

   —No se preocupe señora, mañana vaya al hospital municipal donde seguro estará Avelino. —dijo el comandante.

   ¡Pobre Avelino!, su madre lo encontró todo vendado como momia egipcia, con fracturas en la tibia y el peroné derechos y otra en el cubito y radio izquierdos. Como se darán cuenta eran profesionales los guaruras.

 

—Ya te he dicho que hagas tus cosas con hombres desconocidos en el pueblo. No como ahora, que la tal doña Eufrosina la ha hecho de tos. —le dijo el impotente político a su bellísima consorte.  

 

 

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