Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

Carta que envié en globo interestelar

Homenaje al insigne y silenciado escritor Cistóbal Zaragoza, en el 10º aniversario de su viaje al paraíso de la creación.

El periodista estaba sentado en la silla de anea, con las piernas cruzadas. Lo miraba todo con ojos alucinados y una sonrisa pícara en los labios. Me acerqué a él, me hizo un sitio en la pequeña silla y acabé sentándome a su lado con una nalga fuera.Todo estaba vacío, no había ningún mueble más que nos distrajera.
-¿Qué desea? -le pregunté.
-Me gustaría ver lo que dejó -respondió con interés.
Yo llevaba puestas unas gafas oscuras y él también. Me las quité para que me imitara. Quería que pudiera mirarme a los ojos y yo a los suyos. No sé por qué, pero desconfié de su inusual presencia.
-No dejó nada -le dije.
-¿Ningún inédito?
-Que yo sepa, no. Tal vez algún poema suelto, algún artículo o una hoja perdida -mentí hasta saber de sus verdaderas intenciones.
-Tenía entendido otra cosa -masculló contrariado.
-Si quiere le puedo mostrar todas sus obras, las tengo en esa habitación de al lado, en una vitrina.
-No, no, eso no me interesa -hizo una mueca de desdén con la mano, al tiempo que sus ojos de cazador trataban de adivinar dónde se escondía la presa ¡su presa!
Lo que seguramente no se esperaba era mi reacción.
-¿Quién te envía? -pronuncié con energía, taladrándolo con una mirada feroz y desconocida hasta para mí.
Mi actitud le amilanó y sus ojos se sometieron a los míos.
-Gente poderosa -farfulló con malignidad.
-¿Qué clase de gente?
-Ya te lo he dicho, gente con mucho poder -y añadió unas palabras más que trataban de liarme- y loca -puntualizó al final con el belfo tembloroso.
-¿Editores, particulares…?
-No sé. Un tipo poderoso y loco, ya te lo he dicho.
Dijo con cierto sarcasmo y prepotencia, con una sonrisa de recuperado autocontrol, como si aquello que acababa de repetir le diera un poder sobre lo humano y lo divino. Levantó la barbilla y esperó a oler mi miedo.
-Tú no eres periodista y quien te envía no es nadie, porque nunca fue nadie, solo le empuja la envidia y la maledicencia. ¡Fuera! -grité- ¡Fuera! -he hice una cosa que no había hecho nunca: lo saqué de mi casa a empujones. ¡Fuera, desgraciado! -Él se dejó llevar sin parar de reírse, a carcajadas lo hacía, como si fuera el trompetero de lucifer.
A empellones lo eché, sí. Riéndose se fue, sí, es cierto.
Cerré la puerta con fuerza. Y no profanó tu obra.

A Cistóbal Zaragoza, In Memoriam

 

1 Comentario

  1. Estimado Antonio Marzabal:
    Buen relato que he disfrutado desde la primera letra. Ha sido un placer tener esta lectura de excelencia, dedicada al escritor Cistóbal Zaragoza, ya fallecido.
    Mi felicitación y agradecimiento por compartir.
    Un saludo navideño, desde este fin del cono.
    Emilia.

     

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