Club literario El rincón del caminante

En el cielo de tu boca (2005)

En el cielo de tu boca (2005)

En el Cielo de tu Boca

En el cielo de tu boca esta la vida.
Por el cielo de tu boca pasaron cada segundo de tu corto viaje.
En el cielo de tu boca esta tu vida.
Porque al cielo de tu boca lo encierra un oscuro firmamento, lo pinta una llovizna y lo acaricia tu habla.
En el cielo de tu boca no hay discreciones.
Porque en el rebotan cada sílaba, cada oración y gemido que expulsado de tu cuerpo hacia tus labios escapan.

Y al cielo de tu boca fue a parar, la vía láctea de tu madre.
Allí, en su primer y ultimo intento por saciarte.
En el cielo de tu boca naufragó la inmensa nave.
La creadora de alegrías.
De la inmortal alegría embarcada en la frágil canoa de tus primeras palabras.
Para el cielo de tu boca no hay secretos.
Porque hasta el ínfimo pensamiento alguna vez se hace voz; y allí esta el, para recibir su tempestad.
En el cielo de tu boca viven todos.
Porque allí; satélites de saliva escribieron en sus planetas cada nombre, de cada rostro que conoces y que no.
De cada cuerpo que amarás u odiarás.

Bajo el cielo de tu boca navegaron galeras de sentimientos.
Que llegaron a su destino límpidas y salvas.
Pero que sabias que sus verdaderos tripulantes habían sido arrojados a la nada como tercos polizones, y tragados hacia lo mas profundo de tu ser donde morirían con la verdad.
Al cielo de tu boca le instalaron, sistemas de ilusiones.
Que como lluvia de meteoros bombardearon de mentiras que apretaste con tus dientes y tragaste apresurado con tu ira.
En el cielo de tu boca hay galaxias de cosas.
De emociones. De sentidos.
Algunas tuyas. Algunas ajenas.
Ajenas apenas de quienes brevemente lo surcaron y entibiaron de crepúsculo sus horizontes.
Contra el cielo de tu boca derramaron erupciones los volcanes de la pasión.
Y en el cóncavo cosmos plasmaron la tibieza de sus lavas.
Al cielo de tu boca lo enturbiaron nebulosas de humos pálidos.
Que emigraron tu cerebro.
Que endulzaron tu lengua.
Que marchitaron tu cuerpo.
Por el cielo de tu boca cruzaron las aves del desengaño.
Que dibujaron con su bandada, el desprecio entre las nubes murmuradas que cubrieron en repentina tormenta el sol de tu paz.
Sobre el cielo de tu boca destellaron mil estrellas.
Resonaron débilmente los vocablos de tu dicha, cuando recortaron apenas advertibles los puntos cardinales como tenues y alegres estrellas fugaces.

En el cielo de tu boca esta tu vida.
En el cielo de tu boca hay un paso, un sendero.
Desde el cielo de tu boca hay un camino, una vía oculta.
Para llegar hasta tu mente.
Para llegar hasta ti.
Una ruta directa y segura hacia tus pensamientos.
Una brecha escondida e inexpugnable hacia tu ser.
Hacia tu Yo.
Hacia tus miedos.
Hacia tu furia.
Hacia tu incomprensión.
Hacia tu egoísmo.
En el cielo de tu boca esta la vida.
En el cielo de tu boca esta tu vida
Tu destino.

Por el cielo de tu boca surcaron a vuelo lento tus dudas.
Como golondrinas tempranas viajaron cósmicas, sin dirección.
Como aplastadas contra la bóveda celeste, tu lengua dejo tus lamentos y suspiros.
Y cerraste tu boca con ímpetu.
Y apenas la abriste…
Solo para sentir su frío.
Porque el cielo de tu boca siempre fue tu vulnerable testigo.
Y tu pulso tembloroso lo adivina.

En el cielo de tu boca ya no hay estrellas,
Ahora el cielo de tu boca trae tormentas.
Por el cielo de tu boca amenazan los cometas.
Asteroides guturales se desprenden de tu alma y se precipitan directos y amorfos sobre cualquier explicación.
En el cielo de tu boca ya no hay estrellas.
Ni luna ni sol.
Ni planetas ni satélites.
Ni galaxias ni vía Láctea.
Ni horizontes ni firmamento.
Desde el cielo de tu boca regalaste lo siniestro.
Del eclipse que ennegreció la ironía de los necios.

En el cielo de tu boca ya no hay nada ni estrellas.
Porque abriste aquella brecha escondida hacia tu mente.
En el cielo de tu boca ya no hay nada ni estrellas.
Solo un agujero negro en el espacio y el tiempo.
Solo un agujero negro en el cosmos.
En tu cosmos hacia tu mente.
Que te liberó en ese viaje estelar al infinito de otros cielos, de otros espacios, de otros tiempos.
Que te libero del pasado.
Del presente y del futuro.
De la agonía.
En el cielo de tu boca ya no hay nada.
Ni es el tuyo.
En el cielo de tu boca quedó solo el vacío.
Del agujero que dejo la bala, en el big-bang de tu despedida.

 
Imagen de perfil de Marcelo
Nací en Rosario, Santa Fe, Argentina. El 19 de abril de 1969. Primero de tres hermanos y de un cuarto más tarde (bastante más tarde). Crecí en el seno de una familia de clase media, para la cual los lazos familiares, más que lazos; eran hilos sin atar. Fui a la escuela como cualquier hijo vecino. Mi infancia transcurrió medianamente dentro de los parámetros de lo que se puede catalogar como “normalidad”. Fui al secundario y después (durante también) estudié música. Pero mi vida nunca tuvo que ver con la literatura, quiero decir; siempre me encantó leer y escribir, pero no tengo ningún estudio académico literario, y no soy adepto a la literatura clásica (con excepción de Poe y Lovecraft). Que me inspira a escribir estas historias cortas?, digamos que muchas cosas, muchos estados de animo, muchas controversias. Digamos que pueden ser situaciones tan opuestas como sentirme maravillado por la belleza de algo o alguien, o sentirme perplejo y repugnado por la impunidad. Encontrarme agobiado por la rutina o curioso por saber qué viene después. Podría decirse también que caminé de la mano de la soledad y la fatalidad?, claro que si; aunque también me sentí inundado por la pureza y la ternura. Pero semejante variedad de estimulo-sensaciones vividas, serian un papel en blanco si no me diera apenas a conocer. Y quizás por eso el regocijo de amigos que han leído mis cuentos; porque vienen de la “tripa”, de la entraña, de allí adentro. Son pura y espontánea expresión. Son un acto consciente de la simpleza con que suceden. No es necesario tener un diccionario a mano para entender mi narrativa. Desde mis primeros tiempos en la escuela primaria, donde escribir redacciones o poemas para algún acto o ceremonia en particular era mi deleite, y hasta el día de hoy, existe un vinculo único e irreversible que por cierto no cambió con los años: lo espontáneo. Escritas en algunos casos en apenas horas, y en otros, en tan solo minutos. Son fruto de un determinado y repentino estimulo que los ideó, y casi siempre es el final. Como dato curioso, casi siempre escribo mis cuentos teniendo pulida y visualizada la manera en que concluirán. Tal es así, que desde ya pido disculpas por cualquier “distorsión literaria” que se me haya pasado por alto pese a las una y mil veces que los re leí y corregí, pero como queda claro, nadie dista mas de la perfección que yo, su humilde servidor. Marcelo

1 Comentario

  1. Imagen de perfil de Jesús María Mayorga Mota

    Impresionante; ahora un hermoso poema. Gracias por compartirlo, Marcelo.

     

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