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Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

Confesión de un comodino

Confesión de un comodino

CONFESIÓN DE UN COMODINO

Amigos míos:

En la vida, hay cosas que damos por hechas y no nos damos cuenta de la importancia que tienen. Me refiero a la vida en común de una pareja con retoños.

La recién casada piensa que con cariño cambiará las mañas de su consorte ¡Ingenuas!, sin embargo, pronto se dará cuenta, hay que dejar un axioma: “la mujer es con mucho más inteligente que el hombre”, que llevar a su consorte a que coopere con los trabajos de la casa, sea amable, se le quite lo “Güevón y comodino” es misión imposible.

Gracias a las mujeres, el mundo no se ha acabado, son el ángel guardián de la casa, es esposa, amiga, amante, sirvienta y demás, de “eso” que tiene de compañero. Cuida, educa, sirve de maestra de sus hijos y es el eje rector del hogar y más cuando el matrimonio envejece, pone orden y aglutina al viejo que tiene, a sus hijos, nueras y nietos: (a propósito: los yernos no cuentan, son sus esposas las que llevan su propia cruz).

Yo confieso que soy muy comodino y mandón, mi mujer dice que mando puras pendejadas y tiene razón, por eso por regla general no me hace caso ¡bien hecho!

Me he convertido en esposo dependiente de mi mujer, ella me compra la ropa, me sirve de segunda madre (con los años esto sucede), me cuida que no la riegue como acostumbro.    La verdad, si hay una Divinidad, nos ha mandado a los señores: quién nos navegue, y vaya que es difícil, ¿Qué haríamos sin ella? No quiero ni pensarlo, hay viudos (y toco madera para que no sea yo) que empiezan a conocer el infierno, un poco menos los que tienen hijas, otros piensan que les viene un segundo aire y sintiéndose galanes, les da por casarse de vuelta con mujer joven y bonita (vieja ni pensarlo), ellos se hacen acreedores al lugar común, que no por común deja de ser cierto: “matrimonio a edad madura, cornamenta o sepultura”. Quién les manda por “pendejos”.

Les confieso, que mi media naranja ya me dio por caso perdido, si de joven era comodino, de viejo me he vuelto peor, Dios la bendiga, de no existir Diosito, me saqué la lotería.

No me atrevería a preguntarle a ella.

2 comentarios

  1. Me encanta como escribes Héctor, es cierto mi padre, le atendió mi madre y cuando murió, le atiendo yo, gustosamente.

    Un abrazo de Corazón

  2. Muy buena la confesión, Héctor.
    Me suena muy conocido el tema; no sé donde lo he leído, o quizá me lo comentó alguien. Como quiera que sea, felicidades.

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