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Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

Música de amor

CUANDO YO ERA YO

CUANDO YO ERA YO

El día era nublado, el cortejo avanzaba lentamente en el tétrico panteón. Ella, la difunta, apenas en sus 30 años reposaba en el féretro y era seguida por su esposo, mi amigo Miguel de 80 recién cumplidos años. Las palabras vacías de un sacerdote, fue el último despido de la vida para empezar el viaje a la dimensión desconocida.

—El amante de Gabriela no vino —dijo la hermana de mi amigo, con una sonrisa sarcástica.

El anciano, guardó silencio y pensó: “ahora, mi hermana estará feliz, pues mi dinero será para mis sobrinos”.

 

Amigos, no esperen una narración humorística como es mi costumbre al escribir. Ahora les narraré un episodio de la vida que en su mediocridad pasa desapercibido.

Ustedes saben que tengo 79 años bien cumplidos, soy un profesionista retirado con una situación económica envidiable. Tengo ya pocos amigos contemporáneos, la mayoría ha rendido tributo a la madre tierra, dentro de los vivos está Miguel, un médico investigador de mucha fama y al que acompañe en el velorio y en las exequias de su joven esposa.

 

—Salud —dije alzando mi copa— espero que la tristeza pase pronto.

—Gracias, pero, no te invite para lamentarme.

—Claro, necesitas hablar de tus cosas y como siempre aquí me tienes dispuesto a escucharte con simpatía.

Miguel se quedó un momento abstraído y empezó a decirme:

—Gaby, mi ninfa, tenía 30 años cuando se fue. Me hizo pensar en mis 30 años, cuando yo era yo y no en el vejestorio en que me he convertido. —dio un largo trago a su whisky y volvió a un penoso silencio.

—Lo que te contaré que quede entre nosotros, pues la vida debe continuar. Tu sabes que de mi primera mujer quedé viudo a los 50 años sin hijos, y empecé, gracias a mi dinero, una vida libertina, muchas damas hermosas pasaron por mis brazos sin compromiso. Pero, la vejez me alcanzó sin darme cuenta. Es triste llegar a edad avanzada, no sólo es el deterior físico sino lo peor es la falta de afectos sinceros. Mi única hermana y sus hijos me buscan por mi dinero.

En esta situación estaba cuando conocí a una hermosa criatura, Gaby, llena de alegría, simpatía y que me hizo sentir hombre otra vez. Al principio pensé en una nueva aventura, pero, la soledad o atínale la razón, terminé casándome con ella.

Claro estuve consciente de las burlas de todos los que me rodeaban, mi hermana no dejaba de repetirme “matrimonio a edad madura, cornamenta o sepultura”. Y sí, Gaby me coronó con un par de cuernos tipo alce, un primo de ella se encargaba de darle el servicio que yo ya no podía. La verdad no me importó, aceptaba la situación, ellos en su romance (sólo pedía que fueran discretos). Y yo por viejo pagaba las cuentas. Ese era yo.

—¿Y qué pasó? —pregunté.

—Una cosa es ser viejo y otra, pendejo —con tristeza contestó—. En mi cumpleaños, cuando llegué a los 80 años, me festejaron y me las olí que querían deshacerse de mí. Brindamos con champaña y al poco tiempo Gaby se sintió mal y a los pocos días murió.

—¿Sabes la causa?

—Sí, sin que ellos de dieran cuenta cambié mi copa con la de ella.

1 Comentario

  1. Tristes los viejos, para ser felices deben hacer a un lado la vergüenza y aguantar las críticas. Si se tiene respeto y evitan la vergüenza, su vida se vuelve triste y sin sentido.

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