Club literario El rincón del caminante

EL DESCUBRIMIENTO

EL DESCUBRIMIENTO

EL DESCUBRIMIENTO

Hay días que uno piensa que hubiera sido mejor no levantarse de la cama.
Este pensamiento, es absurdo si se piensa detenidamente, pues aunque uno se obligará a no levantarse de la cama, llegaría un momento en que tendría que hacerlo por las inexorables leyes de la fisiología humana, excepción hecha de los estreñidos crónicos o los insuficientes renales muy deshidratados.
Ese pensamiento fue el que se apoderó de don Humberto Villavicencio, cuando al salir de su casa para dirigirse al club de bridge en el flamante descapotable que pocas horas había estrenado, observó consternado que había sido víctima del robo del mismo.
Desalentado regresó a su domicilio y cayó derrumbado en el sofá mientras con apenas un hilo de voz denunciaba telefónicamente a la policía el hecho.
– Tomamos nota de la matrícula y el modelo, así como el lugar de los hechos, pero tendrá que venir a las dependencias policiales a firmar la denuncia – la voz del funcionario era aséptica, autoritaria y sin inflexiones
– ¿Es imperativo que lo haga yo mismo? ¿No puedo enviar a mi secretario personal para arreglar este papeleo? – susurró tímidamente don Humberto.
– ¿Es usted un inválido ? – inquirió ásperamente el policía al teléfono.
– No, lo que sucede es que apenas salgo de casa, y si lo hago, cojo el coche o pido un taxi. La parada del autobús más cercana está a una considerable distancia.
– ¿Entonces cuál es el problema?
– Que muchas veces, al vivir lejos del centro de la ciudad, es difícil encontrar un taxi y el autobús no tiene un horario muy puntual y me queda muy distante.
– Pues no sé qué decirle. No es necesario que sea hoy mismo cuando deba firmar la denuncia. Puede hacerlo mañana o pasado, pero tiene que firmarla usted en persona, salvo que un abogado con poderes lo haga por usted.
– Claro, ya lo había pensado, pero resulta que mi abogado está fuera de la ciudad y no volverá hasta la semana que viene.
– Eso es mucho tiempo caballero, insisto que no se demore. Pueden surgir problemas con el coche robado, y el responsable será usted si no firma la denuncia del robo. Téngalo muy presente. Buenas tardes.
El sonido del teléfono al colgar dejó a don Humberto sumido en profundas cavilaciones. Avisó a su mayordomo para que le pidiera un taxi por teléfono con la máxima urgencia entre tanto el procedía a cambiarse de traje y buscar algunos papeles relacionados con su automóvil, por si fueran necesarios.
Armando, el mayordomo logró conectar con un servicio de radiotaxi que le notificó que lamentablemente no podían atender su demanda dado que el sindicato había procedido a convocar tres días de huelga para protestar por los aumentos de los carburantes. Tres días que casualmente se iniciaban aquel mismo día. O sea, que la solución para el traslado de don Humberto a la comisaría policial en aquel medio de transporte, quedaba totalmente descartado.
– Lo lamento don Humberto, podríamos avisar a alguno de sus parientes o amigos para que le acercaran a la ciudad – ¿Le parece?
– ¿Molestar a mis amigos, o a la familia para esta nimiedad? – ¡Ni soñarlo! – exclamó contrariado – ¡Sólo pensar en lo que pensarían de mi incapacidad, me pone enfermo!
Don Humberto era un hombre que no se había movido nunca por el mismo. Se encerró en sus aposentos presa del desaliento. Parecía que el mundo se había acabado para él, y comprobó que había encanecido más.
Dos días más después, a última hora de la tarde, don Humberto avisó a su mayordomo que subiera a sus habitaciones con urgencia.
– ¡Venga inmediatamente! ¡Tráigame un vasito de Agua del Carmen y unos azucarillos! – la voz era entrecortada – ¡Ha ocurrido algo sorprendente!
Armando, tardó unos pocos minutos en llegar. Encontró a don Humberto reclinado en un sillón con una expresión de gran sorpresa en su rostro.
– ¿Se encuentra bien don Humberto? ¿Aviso al médico? – inquirió nerviosamente el fiel sirviente.
– No, no, escuche, no se sí querrá creerme – le dijo con gesto exaltado – .Ni yo mismo apenas puedo dar fe de lo ocurrido ¡Le juro que he salido de esta casa esta mañana a primera hora, hasta la parada del autobús!
– ¡Cómo! ¿De qué manera? – el semblante del mayordomo reflejaba un asombro mayúsculo.
– ¡Andando, Armando, andando! ¡Yo sólo, sin ayuda! -. Haciendo eso que se llama andar. Sentí una sensación extraña, una impaciencia que corroía mis entrañas. Puse el pie del freno, delante del pie del embrague, y luego al contrario, así sucesivamente, y comprobé que me desplazaba, que me sostenía. Avancé varios metros, quizás cien o doscientos, no lo sé, no llevaba cuenta kilómetros. Luego volví a deshacer el camino hasta llegar aquí. ¿Qué opina?
– Estoy realmente confundido don Humberto – murmuró Armando –.Nunca me lo hubiese podido imaginar.
– ¡Ni yo! ¡Nunca llegué a sospechar que estos huesos recubiertos de músculos que nos cuelgan del cuerpo pudieran servir para tanto!
– Desde luego señor – contestó el mayordomo con un aire nostálgico – quizás sea el acontecimiento más importante de nuestros apresurados días. Le debe llenar de legítimo orgullo: ha vuelto a descubrir las piernas.
– Muy cierto Armando, estoy contento, mañana tómese el día libre, yo pienso ir andando al centro a firmar la dichosa denuncia. Hay que rentabilizar esa ganga.

FIN

Código: 1401179841804
Fecha 17-ene-2014 5:49 UTC
Licencia: All rights reserved

 

5 comentarios

  1. Alejandro, fantástico relato una historia que va enganchado poco a poco. Me ha gustado Mucho. Se merece un destacado.
    Besos Natuka

     
  2. Gracias por compartir tus bellas letras.
    Saludos

     
  3. Jajajajajajajaja, total que tenía que suceder algo semejante para que a don Alejandro se le ocurriera hechar a andar la maquinaria suya, feliz atardecer me has hecho reir, merecido el destacado!!

     
  4. Upssssss por la risa confundí los personajes Don Humberto es el afectado y Alejandro el sorprendido mayordomo!

     
  5. Mi buen Alex:
    Me dio gusto encontrarte en este “rincón” y desde luego tu narrativa es genial. Por cierto te platico que poco a poco le voy encontrando el modo de publicar aquí. No es tan difícil. Un abrazo..

     

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: