Club literario El rincón del caminante

Eres tú

Eres tú

 

amistad-piramidal-1El insoportable sonido que estaba haciendo el vibrador de su móvil despertó a Clara que se encontraba descansando en la cama. Haciendo un gran esfuerzo se sentó aturdida y frotándose los ojos tanteó el mueble buscando el objeto que ocasionaba ese espantoso sonido. Fuera de la casa había una tormenta, la lluvia torrencial golpeaba sin piedad contra las ventanas y hacia que los árboles se balancearan de un lado para otro. Clara abrió los ojos por completo y vio la luz encima de su mesita donde estaba el teléfono zumbando, lo cogió y lo descolgó quedándose todo en silencio. Miró la hora, eran las tres de la mañana. Curiosa hora en cuanto a que la estuvieran llamando a esas horas intempestivas. Clara entonces miró las llamadas perdidas y comprobó la lista de llamadas, las revisó y vio que eran del Dr Paulini, psiquiatra del manicomio. Era evidente de que si él estaba llamando sin tener en cuenta la hora que era, eso solo podía significar una cosa. Muchas noches sin dormir, eran muchos días con esa idea en la cabeza pero ya por fin podía sentir la libertad y su deseo se había hecho realidad…¡Qué su esposo había muerto!
Clara retiró las sábanas hacia un lado de la cama, se quitó con la mano el pelo suelto, dibujándose en su rostro una sonrisa. A su esposo le habían internado en el manicomio hacía más o menos dos meses. Lentamente puso el teléfono de nuevo en la mesa y se puso de pie, necesitaba tomar algo fuerte para celebrar aquella llamada.
Cuando se disponía a incorporarse para ir a la salita de estar, el teléfono de nuevo vibró. Clara lo cogió comprobando que era el doctor que volvía a insistir, debía de estar ansioso de comunicarla las buenas nuevas. Pero a Clara no le apetecía escuchar nada en ese momento y menos hablar con ese tipejo. Sin pensárselo dos veces y para que no le volviera a molestar, quitó el modo vibrador de su teléfono, escogiendo el modo silencio y lo guardó dentro del armario. Salió de su habitación dirigiéndose al cuarto del baño para darse una ducha relajante. No supo cuánto tiempo había pasado en la ducha, pero no le importaba, ya se encontraba despejada y feliz.
Regresó a su habitación para vestirse con sus mejores galas, no sin antes pasarse por la cocina, y meter una botella sin abrir de champán en el congelador, su esposo la tenía reservada para una ocasión especial, bueno, esto era lo suficientemente especial, la metió en el congelador y se fue a la habitación para vestirse.
Volvió a entrar en el cuarto de baño para maquillar su rostro, Clara era una mujer ya madura, estaba más cerca de los sesenta que de los cincuenta, pero era muy bella. Se puso en la cara una mascarilla y con la esponja, lentamente se fue quitando esas pequeñas impurezas que van saliendo en la piel cuando te vas haciendo mayor. Buscó un maquillaje de un tono claro, no quería parecer una máscara andante, se dio el rimen y la sombra en los ojos y mirándose de nuevo en el espejo se dio a ella misma el visto bueno.
Regresó a la habitación y se puso aquel vestido que su esposo tanto odiaba.
—Perfecto —dijo Clara satisfecha con lo que estaba viendo reflejado en el espejo.
Se dirigió a la cocina y cogió la botella del congelador y destapó la botella de ese líquido dorado fresquito y burbujeante, cogió una copa del mueble bar y la llenó hasta arriba, levantando su copa en un brindis tan especial.
—¡Por Fernando! —brindó, él era su amante, él fue el encargado de hacer realidad todo aquello. De ir desacreditando a su esposo. ¡Oh!, ¿qué estaría haciendo Fernando en ese momento? seguramente que estaría trabajando cuando se enterara de la noticia.
Clara siguió saboreando el champán lentamente, pensando en lo que debía estar haciendo en este momento Fernando. Probablemente estaría durmiendo en casa. Bueno, la buena noticia podría esperar.
Terminó su copa y la miró volviéndose a llenar una segunda copa. Mientras bebía sus pensamientos viajaban entre los recuerdos del pasado y del presente. Recordó a su esposo, de estatura alta, muy buena figura y ojos afectuosos, recordaba como la había seducido durante los primeros días. Era un buen tipo, demasiado bueno para su gusto, tenía la mala costumbre de ayudar con donaciones de cantidades generosas a organizaciones sin ánimo de lucro.
Pero Clara muy pronto se aburrió de todo aquello que él representaba, ella le odiaba, su esposo era un ser paciente, cariñoso, servicial, siempre dispuesto ayudar, pero lo que más odiaba especialmente era esa canción tan estúpida que siempre canturreaba “La canción Eres tú” del Dúo Dinámico.
En una de esas odiadas fiestas para recaudar fondos, conoció a Fernando, él era todo lo que su esposo no era. Clara estaba dispuesta a abandonarlo, pero primero necesitaba dinero, y con la mente diabólica de Fernando y con la ayuda del Dr. Paulini, al que Fernando ya se había encargado de sobornar. Clara comenzó a poner en marcha su plan maestro, adquirió varias drogas y alucinógenos que serían difíciles de rastrear en las pruebas médicas. Durante semanas ella se había estado encargando de mezclar en la comida, y bebida la droga a su esposo, un compuesto que le producía mal humor, fuertes dolores de cabeza y depresiones. El plan estaba en marcha, y un día en una conferencia, perdió el control de sus actos, y por poco asesina a la camarera de la conferencia por ponerle el agua tan fría.
Otro día, durante una fiesta que dieron en su casa, Clara, le dio doble ración de la droga, y Juan por los efectos del narcótico, la golpeó a la vista de todos los que se encontraban allí. Un divorcio rápido llegó, y con la ayuda del testimonio del Dr. Paulini, su esposo terminó en el manicomio.
Clara sonreía cada vez más imaginando la vida que iba a llevar desde ese momento, ya iba por su quinta copa, y decidió que iba a despertar a Fernando de todos modos. Fue a la habitación a coger el teléfono y mientras se desbloqueaba, Clara se dio cuenta de que tenía perdidas veinte llamadas desde el teléfono del médico. Había también un mensaje de texto. Pulsó en el botón para poder leerlo.
—Hola mi amor — se escuchó una voz al otro lado de teléfono —, estoy cansado, pero con muchas ganas de verte. Voy a llegar en quince minutos.
La noche se estaba poniendo interesante y mejor de lo que ella nunca se hubiera imaginado. En la calle, la tormenta rugía sin cesar mientras el viento aullaba colándose por las rendijas de las ventanas. Clara suspiró contenta y se recostó en el sofá, puso el teléfono encima de la estantería cercana a la puerta de la calle. Cuando escuchó la puerta de la calle que se estaba abriendo, sería Fernando que ya había llegado.
Prácticamente saltó hasta la puerta para abrirla y darle una sorpresa. Clara comenzó a girar el pestillo cuando el teléfono sonó detrás de ella, retrocediendo y maldiciendo al mismo tiempo, había olvidado quitar al teléfono el volumen puesto accidentalmente para volver a vibrar antes. Clara negó con la cabeza y se acercó, con ganas de apagarlo.
Era el pesado del Dr. Paulini llamándola de nuevo.
—Dios ¡qué pesadilla de hombre! —estaba molesta.
Clara dudó un momento en hacer o no hacer caso a la llamada y con un movimiento involuntario apretó el botón y se puso el teléfono a la oreja.
—Hola, hola —escuchó Clara una voz agitada en el otro extremo.
Clara frunció el ceño, pues esa voz no era la del Dr. Paulini.
—Hola —respondió Clara —, ¿Quién es usted? ¿Por qué me está llamando desde el teléfono del Dr. Paulini?
—¡Señora, oh señora! Me alegro de que por fin pudiera coger el teléfono. Soy la Dra Elena ayudante del Dr. Paulini, señora, tengo una noticia terrible.
Clara se encontraba muy bien, era feliz y con una sonrisa de oreja a oreja, mientras en el otro lado del auricular la doctora nerviosa golpeaba con los dedos sobre el teléfono. Clara estaba esperando oír la confirmación oficial de que su esposo había muerto, el Dr. Paulini seguramente se estaba preparando para la autopsia.
—Oh señora —volvió a lamentarse la Dra —, es terrible, su voz claramente temblaba de miedo.
—Sí, sí, me va informar de lo que yo ya esperaba —contestó Clara impacientándose.
—¡Oh, no, señora! —contestó la Dra su esposo, se ha escapado.
Clara no podía dar crédito a lo que estaba escuchando, no entendía muy bien lo que le estaba contando la Dra, y allí en medio del pasillo no podía moverse, se había quedado inmóvil. Su corazón le latía como una locomotora, cada vez más fuerte, cada vez más rápido, en sus oídos retumbaban las palabras de la Dra. Le empezó a caer un sudor frío por la frente, sus manos estaban húmedas por el sudor. Trató de hablar, pero no pudo pronunciar palabra alguna. En el otro extremo, la Dra seguía hablando.
—¡Es horrible! Su esposo ha matado al Dr. Paulini! — comentó la Dra —,lo ha hecho con su propio bisturí, y eso no es todo, también ha matado a Fernando, la policía lo encontró hace un rato dentro del ascensor, con un golpe en la cabeza.
Los ojos de Clara se abrieron como platos, el sonido de su corazón ahora era insoportable, le empezaron a temblar sus piernas, le parecían que eran de gelatina. Clara se agarró a la mesa para no caerse
—Su esposo va a su encuentro —comentó la doctora, —, él no está bien, La policía va a tardar en llegar a su casa un poco, usted está en peligro, debe de salir de su casa.
Cuando de pronto las luces de la casa se apagaron. El teléfono se le cayó de su mano sudorosa, la puerta se abrió con un largo chirriar, Clara no se movía, escuchaba los pasos detrás de ella, pero Clara no se volvió para mirar a la persona que había detrás. Los pasos se detuvieron de repente, y Clara pudo sentir su aliento en el cuello.
Lo último que escuchó fue “La canción Eres tú” del Dúo Dinámico.
Eres tú, eres tú,
eres tú, la chica con quien tanto soné.
Eres tú, eres tú,
el motivo de amor más sincero que yo encontraré.
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2 comentarios

  1. Imagen de perfil de Pedro Glez, L.

    De verdad Pilar, lo que menos esperaba es al Dúo Dinámico, buen humor, gracias por el rato.

    Saludos.
    Pedro.

     
  2. Imagen de perfil de Pilar Remartínez

    Mi querido Pedro:
    A menudo suele pasar lo que uno no se espera, como que yo esté aquí a estas horas desvelada, y teniendome que levantar a las siete de la mañana.
    Ya ves.
    Besos y abrazos desde este rinconcito de Madrid.
    Pilar R

     

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