Club literario El rincón del caminante

Gracias Amigos

Gracias Amigos

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Publicado por Pilar Remartínez Cereceda el enero 12, 2009 a las 12:45am

Mis queridos amigos os quiero agradecer todas las atenciones recibidas y todas las felicitaciones llegadas estos tres últimos días la verdad me habéis hecho muy feliz, el día de mi cumpleaños fue muy especial ya que según iban pasando las horas me daba cuenta de cuantos amigos tengo, sois muchos, me llegaron muchos correos, os lo agradezco enormemente una cosa que es muy importante y que yo valoro mucho es el cariño y la amistad, esa chispa que desprende automáticamente y que nos hace sentir tan bien y que nos hace confiar el uno en el otro, yo siento esa chispa con mucho de vosotros esa unión que nos llega a conectar tanto que nos sería imposible estar. Tantas cosas compartimos, a través de estos espacios, es tan breve el tiempo pero tan preciado.
La amistad, el abrazo, la ausencia, la distancia…
Quiero compartir con vosotros una reflexión muy cotidiana que muchos han vivido y que yo experimenté hace algunos meses y me da pie a contárosla…
Hace ya unos cuantos meses, me fueron a colocar unas persianas en la casa que tengo en la playa y el señor que las coloco llegó sin mayores “ruidos”, las estaba instalando cuando yo le pregunté cuál era su nombre y me dijo un tanto asombrado que se llamaba Ramón, y yo le dije con mucha educación…Encantada Ramón, yo me llamo Pilar, el siguió colocándolas y de repente paró de hacerlo y me dijo: “Señora, me parece increíble que me haya preguntado mi nombre, si yo soy “el de las persianas”. Cuando llego a una casa preguntan “¿llegó el de las persianas?, ¿se fue el de las persianas?”. Y usted me preguntó cómo me llamo, me parece increíble”.
En realidad la que se quedó impresionada fui yo, cómo puede ser posible que las personas no sean reconocidas por su nombre, y me pregunté cuántas veces yo tampoco preguntaba los nombres de las personas.
A los días siguientes poniendo un poco más de atención, observe y con mucha pena, como a la gente, a los vecinos no se los conoce por el nombre, sino por el pescadero, o por ser hijo de fulanito, por haber hecho tal cosa, no por el nombre e incluso cuando iba al colegio no me llamaban por mi nombre si no por el apellido.
Creo que debiéramos reflexionar de cómo nos hemos ido despersonalizando y como necesitamos todos ser reconocidos por lo que somos y no sólo por lo que hacemos.
El otro día conversando con un vecino que trabaja conduciendo autobuses me decía cómo le cambiaba el día cuando la gente que se subía al autobús le saludaba.

Ojalá esto nos haga reflexionar sobre este mal hábito que le puede cambiar el día a alguien cuando es reconocido como ser humano.

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