Club literario El rincón del caminante

La queja de una cafetera

La queja de una cafetera

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Queridos consumidores:

He sentido la necesidad de dirigirme a todos los miembros de este selecto “Club Literario”. La razón es que estoy un poco preocupada por el trato que recibe la vajilla doméstica.

Soy la cafetera, esa que utilizas todas las mañanas para preparar esa taza de café aromatizante. El domicilio, depende, pues somos muchas en la familia y estamos muy repartidas por el mundo.

El motivo de escribir esta carta de queja, es que cada día soy maltratada por los humanos que me compraron en unos grandes almacenes, junto a mis primas las tazas. No comprendo el poco cuidado que tienen, parece como si tuvieran las manos de goma y por descuidos o por las torpezas, mis paisanas han terminado cruelmente en el cubo de la basura, siendo sustituidas por otras muy similar. Realmente estoy muy decepcionada, el maltrato es continuo. Yo puedo decir que estoy en el grupo de las afortunadas, me encuentro situada en un sitio tranquilo. Mi estancia en la estantería es aburrida. No hago nada la mayor parte del día, pero cuando comienza mi jornada con el primer servicio, no paro quieta ni un momento, termino mareada de ir de mano en mano y esto suele pasar normalmente todas las mañanas, cuando unos seres extraños aparecen con caras atolondradas y es cuando hay más peligro de que ocurra alguna baja en la familia, el solo pensarlo, hace que la porcelana se me ponga de punta. Cuando llegan las vacaciones, las cosas cambian, los humanos están más relajados y las bajas causadas son menos. La gente puede pensar que ser una cafetera doméstica no requiere mucho esfuerzo ni sufrimiento, pero se equivocan. El ser una cafetera tiene muchos peligros externos que padecemos constantemente. No podéis imaginaros por un momento lo que tengo que sufrir cuando me ponen en la lumbre, es muy desagradable, y cuando se termina el café me meten en una máquina al que los humanos llaman lavavajillas, estos pulsan unas teclas y al momento empieza escupir un líquido frío muy desagradable y a medida que pasa el tiempo la temperatura va subiendo, hasta hacerse inaguantable y los humanos encantados, porque no son ellos los que están dentro padeciendo los cambios bruscos del tiempo. En fin, como soy una cafetera ya antigua, tengo millones de anécdotas, por eso por medio de esta carta, pretendo llegar a los humanos esta queja, que estoy segura que comprenderán, la mayoría pensará que esto no tiene sentido. Pero sí que lo tiene, las cafeteras tenemos nuestra propia personalidad y voz, mi padre y mi madre eran de porcelana fina y la humana que me acogió en su hogar me trataba con delicadeza, guardándome entre algodones por la noche para que descansara tranquila, no hay dos cafeteras iguales, somos únicas.

Aquí concluyen mis alegaciones que espero que ablanden un poco su corazón, solo pretendo llamar un poco la atención, suplicando a los humanos más cuidado con nuestro trato.

Reciban por parte de la vajilla un cordial saludo.

La Cafetera 

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3 comentarios

  1. Upsssssssss , perdona creo me equivoque , no era adonde quería ir, yo ni café tomo, si acaso tecitos, y esos
    de bolsita, bueno espero que tu querellas llegue a ser leída por las personas indicadas, hasta el fin de
    mes a haber si tuviste relevo……..

     
  2. José Antonio:
    ¿Te gustó el corto relato?
    Besos y abrazos desde este rinconcito de Madrid.
    Pilar R

     
  3. Querida poeta Pilar:
    Un relato ameno y ágil de principio a fin, de excelencia. Una queja de esta cafetera que me ha gustado.
    Mi felicitación y cariño en un gran abrazo.
    Desde mi Chile.
    Emilia.

     

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