Club literario El rincón del caminante

LA SACERDOTISA DE MINERVE

LA SACERDOTISA DE MINERVE

Estimados amigos quiero compartir con ustedes una primicia de mi novela inédita: LA SACERDOTISA DE MINERVE, próxima a ser publicada… Espero que sea de su agrado y me gustaría leer sus opiniones.

Novela: LA SACERDOTISA DE MINERVE

Autora: Mynerva Modesta

Todos los derechos reservados mynervamodesta©2013.

EL ENCUENTRO

25 de septiembre, en el Caribe

La mañana imperturbable de pronto se vio sobresaltada, el ruido de un motor rompió el silencio del momento y allá sobre la cresta de las olas una lancha rápida remontaba el azul del océano bordeando y salpicando a los lados, acercándose al muelle con gran rapidez.

A bordo de la lancha estaban dos pasajeros. Bajo la toldilla, un joven a quien la contextura vigorosa, sin ser atlética, y las facciones enérgicas y expresivas de prestante gallardía casi altanera lo hacían destacar. Su aspecto y su indumentaria denunciaban a un hombre de la ciudad, cuidadoso y de buen porte. Como si en su espíritu combatieran dos sentimientos contrarios, acerca de las cosas que lo rodeaban… Por un momento, la reposada altivez de su rostro se animó con una expresión de entusiasmo y le brillo la mirada vivaz en la contemplación del paisaje; pero en seguida, frunció el entrecejo y la boca se le contrajo en un gesto de desaliento.

Su compañero de viaje era uno de esos hombres inquietantes, de facciones caucásicas, que hacen pensar en alguna semilla eurásica caída en América quién sabe cuándo ni cómo. Estaba sentado, y fingía mirar la distancia; pero ni su compañero ni los otros pasajeros lo perdían de vista.

Del lado de la playa, una silueta masculina hizo su aparición. Insensible al tórrido sol, el broncíneo cuerpo sudoroso, apenas cubierto por unos negros pantalones cortos a los muslos, y una camisa abierta dejaba ver como sujetaba contra los duros cojinetes de los robustos pectorales, un porta-documentos de cuero, como queriéndolo proteger de cualquier robo. Se acercaba, con pausados pasos laboriosos, como si marcharan por la blanca arena, vino en silencio, pero al mismo tiempo jadeante sobre su pértiga columna. Se dirigió a la lancha que se acomodó en el muelle… Esperó y levantó la mano, saludando con gran familiaridad al hombre de la ciudad.

—¡Hola Antoine!

Antoine, ya en tierra, respondió al saludo con un apretón de manos y presentó a su compañero.

—Es el Doctor Louis Conrad, nuestro antropólogo forense.

El recién llegado, venido por tierra, extendiendo su mano hacia el recién presentado diciéndole:

—Mucho gusto, soy Erick Her.

La mano del Doctor Louis Conrad se extendió firme y su mirada penetrante miro inquisitivamente el porta-documentos de cuero y sin esperar más pregunto: —¿son los pergaminos encontrados por el general Wax en Irak?

Erick extendió el porta-documentos y respondió un tanto exaltado: —sí, pero no están todos y faltan las tablillas sumerias porque las robaron en el asalto que hicieron los terroristas contra la misión del ejército americano en la antigua Uruk.

—¡Comprendo! Es una verdadera tragedia para el patrimonio histórico el expolio que estos terroristas están haciendo para poder financiar su estúpida guerra santa.

Un ruido de pisadas hizo que viraran las miradas, bajo sol cegante del final de la mañana, que centelleaba en las aguas azules del mar Caribe y sobre las palmeras que pueblan sus playas… Se quedaron expectantes ante la llegada de la mujer con rasgos acentuados de delicadezas femeniles, su apariencia madura mostraba que tenía unos cincuenta años, pero a la vez, dejaba traslucir una personalidad desafiante, con un imponente aspecto erguido, confiada y al mismo tiempo con gran decisión que le imprimía un sello original a su hermosura: algo de salvaje, bella y profesional a la vez. Era Anna Simón, que con pasos decididos se acercó al grupo y los invito a seguirla.

—¡Vamos! —Dijo Anna con voz animosa —se nos va el tiempo y ya nos están esperando.

Apresurando el paso a través de la arena todos caminaron… Anna observó el rollo que Erick llevaba en los brazos y emocionada le preguntó —¿son los pergaminos?

—¡Sí, son ellos! —Le respondió con su voz matizada y mirándola con la intensidad de sus ojos azules.

Entraron al hotel, una edificación sencilla, mas parecía una posada y en el vestíbulo estaban dos mujeres y un joven de apariencia inglesa… Erick se adelantó a presentar a su esposa Mary, quien con sencillez saludo y como si no pudiera esperar por respuestas pregunto: —¿estamos todos?

—¡No, no estamos todos! —Respondió la otra joven.

Anna miro sostenidamente a la joven y le preguntó: —Gabriela por favor, ¿te aseguraste de que todos supieran donde nos reunimos?

El rostro suave y moreno claro de Gabriela estaba un tanto tenso y mostrando estrés en sus palabras respondió rápidamente —¡Sí! pero recuerda que los gemelos están siendo seguidos.

Anna se froto las manos y entre dientes se le oyó decir: — Sólo será cuestión de tiempo para que descubran la ver­dadera razón por la que estamos reunidos y, lo que es aún peor, que les hemos mentido.

Erick se revolvió un tanto nervioso, sus manos se apretaron sobre el porta-documentos de cuero y en un ademan decidido dijo:

—¡Joseph, por favor, mira en la esquina! Asegúrate de que Isaac si­gue en su sitio esperando. Voy a mantener una pequeña charla con Sheila en su habitación, mientras ustedes esperan a los gemelos.

Mynerva Modesta

 
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4 comentarios

  1. Imagen de perfil de Genma

    Narracción muy bien hecha, me he enganchado desde la primera linea.
    Felicidades

     
  2. Imagen de perfil de Genma

    Narracción muy bien hecha, me he enganchado desde la primera linea.
    Felicidades

     
  3. Imagen de perfil de MYNERVA

    Igual para ti.

     

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