Club literario El rincón del caminante

La última cacería

La última cacería

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Con admiración y respeto a un hombre    

que no espero la muerte

sino que se enfrentó a ella

 

En el Club de Caza, Tiro y Pesca, de la pequeña ciudad fronteriza con Estados Unidos, dos miembros fundadores platican.

     — ¿Qué te parece el nuevo presidente municipal? —pregunta don Ismael.

     —La verdad no me interesa. Todos los políticos son iguales, prometen muchas cosas para que voten por ellos cuando están de candidatos. Pero, cuando llegan al poder se olvidan y todo sigue igual: mal. —contestó don Pepe que no representaba sus 77 años bien cumplidos.

     —Sin embargo él fue a la Capital del Estado para pedir apoyo a la Región Militar para acabar con el cáncer del narco que nos agobia. Y consiguió que mandaran un fuerte destacamento militar.

     —Es cierto —admitió don Pepe— espero que cuando menos se calmen los desalmados y dejen de fregar.

     — ¿Supiste por qué se fue a vivir a Estados Unidos nuestro amigo Sebastián?

     —No.

     —Ya ves que tiene nietas muy bonitas, la mayor hasta concursó para reina de la feria. Pues le llegaron a don Sebas con el chisme de que un jefe local del hampa quería de querida a esta muchacha y para pronto que se larga con toda la familia a suelo americano, allá con los gringos si hay orden.

     — ¿Y sus propiedades y negocios?

     —Pues todo lo malbarato y fue mejor antes de que se lo quitaran. Se sospecha que le pagaron con dinero mal habido.

         —Estos narcos infelices no tienen “abuela” —dijo un enojado don Pepe y continuó— se están quedando con todos los ranchos de le región. Puro desconocido y con pinta de maleantes con botas, sombreros texanos y llenos de joyas.

     —Platicando de algo más agradable, estoy muy emocionado con la cacería de venado este fin de semana, es la primera vez que voy a cazar estos animales. Para ti no es novedad ¿verdad?

     —Para nada, desde niño mi papá y mis tíos me llevaban a cazar. Es muy emocionante. Desde joven he coleccionado armas para la cacería, es mi hobby.

 

En esta noche de otoño, larga y febril estarás tranquilo esperando tu destino. Hablarás contigo mismo sintiéndote orgulloso de ser un norteño de pura cepa, de los que no se doblan.

     Recordarás al grupo de hombres armados y amenazantes que llegaron a tu rancho para darte un ultimátum: tenías 24 horas para entregarles el predio que ha sido tu labor de toda tu vida y donde habrás trabajado como un animal y que ahora es próspero y redituable. Por eso lo quieren estos desgraciados. No en vano tendrás casi ocho décadas de vida que te hace ser hábil y sagaz en tu trato con las personas. Con llaneza les dirías que no les entregarías tu propiedad. Y ahí estarías esperándolos.

     Veinticuatro horas te dieron que aprovecharías para reunir a tus trabajadores y les pedirías en un tono grave y enérgico que se fueran a sus casas y te dejaran solo. Ellos pensarían que llegarías a un acuerdo con los maleantes y era mejor que no estuvieran. No querrás pensar en tu familia, darías gracias a que tu esposa ya no está en este mundo y tus hijos son independientes.

     Ya solo, te dedicarías a hacer un recuento de tus armas y municiones y prepararías la estrategia de defensa de tu casa como si fuera un cuartel militar. Dispondrías las armas en los flancos más débiles: las puertas y las ventanas de la casa del rancho.

     Esta noche recordarás las mejores épocas de caza, cuando sin sueño esperabas. Amanecerá temprano, poco después de las 4 de la mañana los motores de varias camionetas se oirán a lo lejos y tú dirás en voz alta: “qué sea lo que Dios quiera”.

 

En tres elegantes camionetas llegan gatilleros armados seguros de su impunidad y contentos ya que pronto tendrán en su haber otra propiedad. Nadie, o casi nadie, se resisten a un contingente de pistoleros que portan armas largas.

     Las camionetas entran al lugar y se apostan frente a la finca. Lanzando ráfagas al aire descienden los sicarios y gritan que vienen a tomar posesión del rancho. Esperaban que la gente saliera aterrorizada y con las manos en alto.

     Se desata un infierno, de la casa certeros disparos abaten a varios pistoleros y pronto un ejército entero dispara contra la vivienda principal del rancho. Al ver caer a sus compañeros los forajidos, enojados y frustrados, arrecian el ataque y en su desesperación emplean granadas.

     Cuando al fin reinó el silencio, los agujeros y el destrozo de la vivienda indica la violencia del ataque. Al entrar los esbirros en la casa, pensando encontrar a varios hombres se llevan la sorpresa de su vida al hallar a uno solo, con múltiples orificios de bala, que había decidido cuando y como morir. A lo lejos se oyen las sirenas de los carros policiacos y del ejército, por lo que los sicarios hacen un rápido reconocimiento, dejan a sus compañeros muertos y huyen.

 

En la Comandancia del Batallón de Infantería, un capitán da su informe al coronel comandante:

     —Mi jefe, cuando llegamos al rancho vimos un paisaje desolador, la casona principal estaba destrozada por impactos de bala y explosiones de granada. En la parte exterior de la finca había cuatro muertos. Con cautela recorrimos el exterior y encontramos dos sujetos más heridos e inconscientes.

     — ¿Y en la casa? —pregunta el coronel.

     —En el interior de la casa había sólo un cuerpo, el de don Pepe, con dos armas a su lado y literalmente cosido a balazos.

     —No es posible ¿uno solo?

     —Buscamos más cuerpos, pero no los hallamos. A mí me parecía difícil que una sola persona hubiera causado tantas bajas a los atacantes con fusiles y pistolas de caza deportiva, don Pepe era muy aficionado a la cacería. La inspección del rancho reveló que en todas las puertas y ventanas había armas y casquillos, el olor a pólvora y las decenas de cartuchos percutidos evidenció que don Pepe peleó con fiereza hasta el final en defensa de su propiedad.

     El coronel se quedó un momento silencioso y con admiración dijo:

     — ¡Qué hombre tan extraordinario! En su última cacería un anciano de 77 años se llevó por delante a cuatro sicarios antes de morir peleando como el mejor soldado: con dignidad, honor y valentía.

 

PD: Amigos míos la narración anterior está sacada de la realidad. El hecho es cierto, sucedió en un lugar de la República Mexicana hace varios años. Se han cambiado los nombres y los lugares por respeto al protagonista y sus familiares. Vale.

 

 

12 comentarios

  1. Interesante narración Héctor….héroe anónimo dirían otros,, una especie de justicia ante tanto narco…mas, de lo que se da se recibe..
    Gracias amigo.
    Saludos…
    Pedro

     
  2. Mi querido Héctor:
    Para mí, siempre, es un placer leer tu lujo de narrativa, que muestra la valentía de un anciano para
    defender lo conseguido en una vida, creo hizo lo que debía con firmeza y honor. El relato en segunda
    persona, apasiona.
    Mi felicitación y gracias por compartir, Maestro.
    Un abrazo hasta Cohauila.
    Emilia.

     
  3. Excelente descripción de una lamentable realidad.
    Gracias por compartir.
    Shalom amigazo

     
  4. Tremenda historia. Me recordó tantas injusticias acaecidas en mi país durante la guerra civil. Penosa realidad. Saludos

     
  5. Mi buen Pedro:
    El narco es un problema para México, pues es el paso de las drogas a Estados Unidos donde deberían acabar con la dependencia de sus habitantes a ellas. Es fácil decirlo, pero…
    Un abrazo.

     
  6. Mi querida Emilia:
    Gracias por tu aliciente. Recuerda que estoy esperando un trabajo tuyo. Un abrazo.

     
  7. Mi buen Beto:
    Por desgracia todo es cuestión de dinero y la maldad se nutre de dólares. Un abrazo.

     
  8. Mi querida Nuria:
    Gracias por pasar por mis letras. Un abrazo.

     
  9. Héctor, es una pena que pasen sucesos de esta indole. Pasará el tiempo y seguira ocurriendo lo mismo.
    Besos
    Natuka

     
  10. Estimado Héctor:
    Se me pone la carne de gallina, tan solo en pensar en este suceso, somos humanos sin sentimientos. La codicia y el poder es lo que provoca todos los males del mundo.
    Besos y abrazos desde este rinconcito de Madrid.
    Pilar R

     
  11. Mi querida Natuka:
    Te agradezco que ´pases por mis letras. Gracias. Un abrazo.

     
  12. Mi querida Pilar:
    Lo que comentas es cierto. En el norte de México tenemos el problema de que es paso de la droga a Estados Unidos y ahora la situación se vuelve crítica con el triunfo de Donald Trump. Los norteamericanos blancos no dejan de ser xenofóbicos, misóginos y egoístas. Para ellos solo los “wasp” tienen valor y eso sí sus hijos le entran con fe a los estupefacientes. En fin veremos que pasa. Un abrazo.

     

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