Club literario El rincón del caminante

“Lo que cuesta la curiosidad”. Relatos de Vampiros (Primera parte).

“Lo que cuesta la curiosidad”.  Relatos de Vampiros (Primera parte).

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“La vida del médico no es fácil”

Era todo en lo que pensaba Marco en un momento de tal importancia, a pesar de que muchos no lo considerasen íntegramente como un “hombre de la salud”. Se encontraba vestido en una sotana con siglas de una renombrada casa de estudios, a punto de sostener por primera vez el diploma que sería su llave a su vocación.
Luego de una breve juramentación y un discurso algo amargo por parte del anciano decano, los nuevos profesionales dieron rienda suelta a un festejó memorable.
Pocos días después y ya con una expresión completamente distinta, se encontraba Marco en los pasillos de aquel gran hospital de la ciudad, conocido por su larga nomina de expertos que por el pasaron.
Marco se dirigió seguro al lugar que le correspondía, el cual curiosamente se encontraba poco concurrido, aunque sea casi siempre su relevancia habitual.
De los aromas a antisépticos hospitalarios que cubren la mayoría de estos establecimientos al penetrante hedor del formol Marco no hizo más que una ligera mueca, pues parecía no ser la primera vez en estos lugares.
El silencio solo se cortaba por el sonido desgastado de los tubos fluorescentes y el de un canturreo poco nítido. Un hombre mayor pero sin un ápice de decrepitud muchas veces asociables a un anciano se hallaba completando una plantilla mientras cada tanto seguía observando el apacible óbito que descansaba sobre la fría mesa de acero.
En eso el canturreante anciano se percata de la presencia y voltea tranquilo, Marco intenta hablar, pero el anciano se adelanta…
– Usted debe de ser… Marco… Hesser, ¿verdad? (Exclama despacio mientras recoge algunas páginas hacia atrás para consultar un listado)
– Eh… Claro, ese soy. (Le replica con una ligera sonrisa a modo de buena impresión)
– Ya veo, pues, bienvenido al Hospital Central, y sin olvidarme, bienvenido a la morgue del mismo.
– Muchas gracias, es la primera vez que entro a una morgue de estas dimensiones, el hospital escuela tenía una mucho menor…
– Y no lo dudo, aquí recibimos todo lo de la jurisdicción central mas los homicidios en la zona del puerto y las industrias.
– Me extraña, parece vacío (le contesta mientras mira a los alrededores divisando al mismo cadáver que el estaba escrutando)
– La verdad es que sí, fue un día tranquilo. (Voltea lentamente y emprende la marcha hacia la mesa) Acompáñeme señor Hesser, le explicaré las reglas para que luego pueda ponerse a trabajar.
– Muy bien, le escucho (le sigue en una lenta caminata mientras van explorando el lugar).
– Le ahorraré detalles técnicos porque imagino que usted ya los estudio, así que me remitiré a decirle la normativa.
En primer lugar no deje ingresar a nadie, quien quiera hacerlo lo hará por sus medios con el mismo tipo de llave que usted usó.
Por otra parte, siempre avise al juez del distrito que está en la plantilla informativa si ingresa alguien, le va a hacer un brevísimo interrogatorio, si todo va bien puede proceder a realizar la autopsia y averiguar la identidad (mientras hablaba algo le hacía ruido en la cabeza).
– ¿No debería saber primero el Director de la morgue?
– Ese soy yo, y para esa instancia es seguro que yo estaré al tanto casi tan rápido como usted. Por cierto (retomando su listado), enfatizo el hecho de mantener estricto secreto profesional con los sujetos que llegan, y no ventilar nada que pueda generar un escándalo al hospital, pues nos veríamos obligados a despedirle y sancionarlo penalmente.
Tras esto, el hombre se para y se queda en silencio.
– ¿Entendido? (Pregunta sonriendo)
– Sí, doctor.
– Eso quería oír, ahora, será mejor ponernos a trabajar.
Marco va con el doctor hacia la mesa con el cuerpo y se coloca guantes, para comenzar una autopsia tras el gesto afirmativo del viejo.
Mientras transcurre la escena, todo es discretamente grabado por algunas cámaras de seguridad, las cuales proyectan su imagen en un discreto televisor, enmarcado por maderas de aspecto fino, junto a otras pantallas que apuntan a ese cuarto.
Nuevamente en la morgue, Marco piensa en una semana ajetreada por delante, como si fuese la calma antes de una gran tormenta, aunque en este caso se lo ve ansioso por correr hacia a ella, probando lo que aprendió, y quizá aprendiendo incluso más de lo que anhelara…
Uno espera muchas veces que cuando las primeras impresiones son algo desequilibradas pasen cosas acordes a ella, pero en este caso el joven forense no presenció inquietudes durante varios días de trabajo. Accidentes de tráfico, complicaciones por heridas de armas blancas y de fuego; entre otros paisajes comunes de una morgue. Siempre que llegaban se acostumbraba a realizar el raro protocolo de ese misterioso juez, el cual el podía jurar que tenía voces diferentes de acuerdo a los horarios, así como también la intervención de terceras personas que alegaban ser “secretarios”. A pesar de esto, todos los casos le eran ordenados de comunicarlos a otro juez o al fiscal del distrito, pero la rutina es muy conocida por tener algunas excepciones.
Cierta noche de guardias en la morgue un furgón similar a las ambulancias de traslado de difuntos se acercó para lo que parecía era dejar otro ingreso, lo extraño era la nula señalización del vehículo así como los uniformes de los conductores, que parecían más conductores de una funeraria.
No habría intercambio de palabras, solo una mirada de ambos conductores hacia el médico mientras se acercaba, al parecer algo confundidos. Al alcanzar a ver su identificación retomaron su tarea sin demostrar nada de inquietud. Al alcanzar Marco la camilla el furgón no hizo más que arrancar con rapidez. Ingresa entonces a la sala de autopsias, y luego de dejar el cadáver en un lugar se dispone a discar el número telefónico del juez del turno para ver qué hacer. Tamaña sorpresa se llevaría al oír sencillamente la palabra “proceda a llevar al óbito a la sala que se abrirá detrás del archivo”.
Tras un seco corte desde el otro lado, pudo oír un sonido similar al de una cerradura eléctrica activada desde algún sitio, mientras esto sonaba, el ligero archivo que parecía de aluminio se deslizaba como si de una puerta considerable se tratase. Con algo de inseguridad Marco fue hacia donde estaba el cadáver y se dispondría a dar una mirada aunque sea por debajo de la manta negra que lo cubría, pero cuando se disponía a hacerlo pudo oír el teléfono sonar.
Algo asustado fue a contestarlo, a lo que una voz le dijo que se ocupara de “lo que le fue ordenado”. El corte seco era de esperarse al otro lado. Entonces el se voltea y regresa, para sostener la camilla y llevarla hasta esa misteriosa sala, a la cual logra entrar y encerrarse a oscuras.
Apenas al oírse en sonido del cierre una luz se enciende iluminando un pequeño cuarto, en el cuan hay una ranura de las dimensiones de un cadáver, en la cual intuitivamente el debería insertarlo. Al dejar con cuidado al cadáver en lo que parecía una cámara mortuoria, el cierra la escotilla que parecía cerrarla, con la particularidad de que esta contaba con un visor, algo extraño para una morgue.
Entonces la cámara se encendió al rojo vivo, como si de un crematorio secreto se tratase, en ese momento Marco comienza a golpear la puerta para salir, la cual se abre tras un par de sus desesperados pedidos.
Al lograr salir puede oír el teléfono sonando nuevamente, a lo que él ya mira con horror, pero sin embargo se dispone a contestar para poder hablar.
– ¡Está bien! ¡Dígame que mierda pasa aquí! ¡Esto ya se pasa de lo ilegal a lo truculento!
– Señor Hesser, le pido que se calme, ha hecho bien, pero no debería hablar así, pues podría haber sido otra persona. (Le responde quien parecía ser el juez misterioso).
– Esto es demasiado para mí, ya no tolero más esto y pienso dar aviso al consejo de forenses o inclusive a la Policía.
– Cálmese, usted no quiere acabar en un manicomio o perdiendo su licencia médica, así que escúcheme. Usted hace el trabajo que le dijo su superior y punto, no se extralimite. La discreción y el esfuerzo a la larga son recompensados, solo manténgase tranquilo.
Sin dejarle seguir con su reclamo el teléfono se cortó, a lo que Marco se deja caer colocando sus manos alrededor de su cabeza… ¿En qué lugar se había metido? ¿Años de esfuerzo doble para obtener un posgrado junto con su carrera para terminar siendo un mero camillero en algo de aspecto oscuro e ilícito? ¿que habrá detrás de esto?
El se incorpora para ver la hora en el reloj y darse cuenta de que ya es otro día, y que es hora de ir a casa, pues todo seguiría… Con resignación aborda el elevador a la planta superior, saludando con poco entusiasmo a otros colegas…

 

3 comentarios

  1. Estimado Celestino:
    Excelente trabajo literario. Gracias por compartirlo.
    Besos y abrazos desde este rinconcito de Madrid.
    Pilar R

     
  2. Gracias Pilar ha sido un honor tu comentario.

     
  3. Un placer leerte, Celestino Durán M.
    Mil gracias por compartir.
    Un saludo cariñoso.

     

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