Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

LOS DESEOS SE CUMPLEN

Los deseos se cumplen

Se quedó mirando a la pared. Allí estaban colgados sus deseos; los había pegado con chinchetas en el yeso blanco. De entre el montón de recortes, fotocopias, hojas cuadriculadas y garabateadas con anhelos inequívocos, sobresalía una postal de un desafiante color turquesa. El color le venía dado de las aguas del mar, que bajo la luz del mediodía y rodeadas de pinares, espejeaban como luceros. Los pinos se descolgaban por la roca hasta tocar las breves olas que venían a olfatear sumisas la pequeña playa, reflejando a su vez su penachos verde intenso en la coqueta y transparente bahía.

Allí se escondía un paraíso lleno de sueños de enamorado. Sueños de poeta vencido ante la belleza de la naturaleza; incapaz de hablar del desdén de un amor perdido, del dolor de una muerte anunciada, del escarnio público después de una vida de fracasos, de todas las miserias humanas a las que había tenido que sonreír para ser aceptado por la sociedad en la que se mimetizaba.

En aquella playa, varado en la complicidad de los elementos no podía sentir odio, ni envidia, ni rencor, ni ira, ni tan siquiera dolor, algo que parece tan simple de conseguir. Allí fue dueño de su propio destino, de su propio pensamiento, de su propia persona, de sus propios sueños; en fin y en una palabra: dueño de su vida. Y sonreía, porque se sentía feliz consigo mismo y en paz con todo el mundo.

Se quedó mirando aquella postal, recreándose en aquel mundo maravilloso que tanto anhelaba recuperar, el único que se sentía Hombre con mayúscula. Lo deseó tanto, tanto, que incluso se olvido de comer. Y así pasaron horas, días, semanas incluso. Hasta que alguien golpeó su puerta. Era un viejo pescador que le traía una sarta de pescado fresco.

Alucinado y febril, le preguntó de dónde lo había sacado, viviendo en la ciudad, tierra esteril donde las hubiese. El viejo tenía los ojos transparentes y la cara salitrosa, arrugó una sonrisa antes de hablarle: “-De ahí-” dijo y señaló la barca adormecida en la orilla, y al fondo el azul de la bahía y más allá el verde de los pinos peinando las olas con su copudas ramas descolgándose como malabaristas por entre las manos agrietadas de las rocas blancas borrachas de mar.

No hizo falta que dijera nada más. Me tumbé en la playa y me dispuse a escuchar el mar. De repente lo había comprendido todo.

 

10 comentarios

  1. Claro que los deseos se cumplen. Te basta crear un escenario en una habitación; y de allí, proyectarte al lugar que tú quieras. Eres un escritor y creas tus propios mundos y puedes hacer que tus sueños se cumplan. Saludos, Antonio. Te felicito por esa creatividad.

     
    • Gracias, Jesús. Seguramente será así, como dices. De todas maneras no hay que supeditar la vida a sus caprichos (de los deseos, de todas maneras era simple ejercicio semántico. Un abrazo amigo.

       
  2. Antonio, sí, los deseos se cumplen, basta la fuerza que el escritor ponga en ellos.
    Gracias por tu bello trabajo.
    Un saludo desde este sur del cono.
    Emilia.

     
    • Gracias, Emilia. Solo es un ejercicio que hago mientras compongo una nueva novela. Los deseos sí se cumplen siempre que no supedites la vida a ellos, creo yo. Un abrazo.

       
  3. Gracias Antonio, me ha gustado el espíritu aventurero de tu narración, todo un lujo para quien por circunstancias o no, pueda disfrutarlo.

    Saludos.
    Pedro

     
  4. Me dejé llevar por tu mágica pluma, poeta, disfruté tus pensamientos.
    Gracias por permitirlo.
    Shalom amigazo

     
  5. Hola querido amigo. Aunque participo poco porque tengo mi mamá ingresada en el hospital. Aun y así he querido pasar a saludarte.
    Como siempre es un placer leerte. Yo pienso que en muchas ocasiones se cumplen. Abrazos

     

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