Club literario El rincón del caminante

Mendigo (2014)

Mendigo (2014)

 

 

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No, por favor no lo hagas…
No me beses!
No quiero volver a ser como antes:
Feo, y miserablemente humano.

Mendigo

Cuando sus dorados ojos se posaron sobre la distraída libélula, bastaron apenas unos segundos para que su protráctil lengua se lanzara como un látigo pegajoso y el crocante insecto aterrizara en la oscura cavidad de sus fauces . La membrana transparente de una de las alas que quedó asomando por un costado de su boca, cosquilló sobre su ojo, y este, desapareció como incrustándose en su cráneo.
La clara penumbra del atardecer era especial para los Batracios como el, puesto que la modorra de la noche aletargaba las mariposas y aguaciles y atraía a otra gran variedad de bichos que brotaban como de la nada aglutinándose entre los pastos cortos y las cortezas de los abedules, mientras los dañinos rayos del sol desaparecían pulverizados sobre el horizonte como una roja cortina.
Los sapos son unas criaturas maravillosas. Aunque inofensivo, el solo hecho de su presencia causa repugnancia. Su rugosa piel alberga cientos de tubérculos glandulares que brillan con la humedad del ambiente y su mirada parece perdida, inexpresiva. La torpeza de sus movimientos es compensada por una inagotable paciencia.
Este en particular, no era diferente al resto de los de su especie, le gustaba hacer cosas, de sapo, como refrescar su blanco abdomen en el estanque, dejando su abultado lomo cual palpitante roca amarronada asomando en la superficie del agua, donde algunas luciérnagas se posaban a descansar, y el las dejaba, porque siempre había sido atraído por aquella verdusca incandescencia que encantaban sus horizontales pupilas.
La brisa del bosque atraía el rumor de los árboles y plantas que sacudidas creaban esa melodía a la cual miles de insectos respondían o solo acompañaban con sus cantos. Grillos, chicharras, langostas y cientos de escarabajos, se unían con sus notas al preludio de aquella noche en aquel paraíso natural. Pero el no tiene saco bocal, y solo podía responder a lo que sus pequeños tímpanos percibían, marcando el “tempo” con su respiración, como un silente director.
A través de la historia, los sapos despertaron en diferentes pueblos ideas de terror, de engendro maligno, y fue usado en incontables pócimas para hacer o deshacer hechizos. Incluso dentro de la tradición cristiana, el sapo pasa a ser una criatura presuntamente no-divina, lo cual significa que no podía ser otra cosa que obra del diablo, Dios, creó todo lo bello que existe en su labor magnánima, la fealdad no podía ser fruto de su mano que resumía perfección. Y así el sapo fue execrado sin prejuicio y arrojado al oscurantismo. Pero también, en otras tantas y prácticamente incontables ocasiones brindó su anatomía a la ciencia para que con sus despiadados escalpelos, hurgaran en su seccionado cuerpo en busca del alivio para las dolencias que asolaban a quienes antes sin piedad lo alienaron.
Pero este, no era diferente a los otros. Aunque no podía saltar como sus amigas las ranas (no lo necesitaba), sus poderosas patas traseras son dos confidentes nadadoras que lo pasean por entre la bruma que se forma sobre el agua, como un silencioso bote a remos. Su robusto cuerpo de casi dieciocho centímetros, no es presa para los pequeños peces que allí habitan, y el lo sabe.
La luna ahora, domina con su fantasmal palidez la copa de las acacias que se mecen nevadas por su luz y contrastan con la negra silueta de los murciélagos. El hábil quiróptero le arrebató una polilla que sus ojos venían siguiendo atentos y cautivados por su rítmico aletear, y desapareció con ella en un acto mágico. Pero eso para el era tan natural y simple como el día y la noche, el universo provee, no hay necesidad de miedo, de rencor, de odio.
La diversidad de su hábitat lo desbordaba con maravillosas formas, todas perfectas en su naturaleza. Cada ciclo era conformado sin interrupciones, sin alteraciones. Cada espacio era dominado por alguna criatura que allí debía estar, conforme a una ley natural, cada cual sabía lo que debía hacer, cuando y como, y no cabía un porque.
Armonía. Pura y simple armonía, algo que solo la naturaleza puede crear, otorgar y negar, incluso en el mas aterrador y devastador acecho de una terrible tormenta, todo obedece a la mas absoluta y perfecta combinación de factores en la mas pura armonía.
Todo estaba allí, todo le era brindado de manera sustancial e ilimitada. No tenía necesidad de mendigar alimento o refugio, incluso aquello que le permitía perpetuarse en el tiempo allí estaba, solo debía esperarlo.
La calidez de abril le había llevado hasta esas rocas en la orilla opuesta del lago, por donde sabía que silenciosa pero decidida, su compañera vendría por entre la grama a su encuentro, y en una danza torpe pero tierna, unirían sus ásperas patas y sus palpitantes pústulas guiarían por entre sus grietas la sabia que nutriría su futuro.
Un ruido como de ramas crujiendo, provino desde la izquierda, y sus ojos alertas orientaron su cuerpo en esa dirección. Toda su morfología vibraba al ritmo que aquel ritual demandaba. Su abdomen se infló confiriéndole la forma de un globo, y sus ojos se hundieron quedando apenas como dos rendijas vigilantes. Cerca de sus patas traseras, dos glándulas secretoras inundaron el aire con el código de su efluvio, y su piel se vistió de un denso gris.
Pero en aquel idilio de primavera, lo que sus ansiosos ojos vieron lo dejó inmóvil e indefenso, incapaz siquiera de respirar.
La enorme criatura que apareció desde la profundidad de los arbustos, lo tomó entre sus garras y lo levantó en el aire si el menor esfuerzo. Pudo ver como el lago se alejaba de sus patas y la luna formaba un remolino sobre su cabeza, su cuerpo se desinfló como pinchado por una aguja invisible, y sus extremidades se sacudían de aquí para allá como dislocadas. Sintió confusión, y al cabo de unos instantes entendió que la criatura lo observaba. Su pelaje era como el sol pero sin luz, y sus ojos de un color que nunca había visto. Su olor repugnaba, su piel parecía sin vida y sus formas desafiaban el sentido común. No podía pertenecer a su paraíso, pensó que por su anatomía debía pertenecer a un mundo desarticulado y hostil; y por su actitud, a uno carente de reglas.
Nunca había observado una criatura contrastar de tal manera con su mundo, por donde se la mirara, no veía forma que no estuviese fuera de lugar.
Vio cuando el enorme ser lo acercaba de a poco a su boca, vio como sus grandes ojos se cerraban permitiendo así, que otros sentidos se abrieran.
La luna apagándose fue lo ultimo que vio cuando la enorme criatura posó la húmeda y carnosa boca sobre su cabeza, y una explosión de luz lanzó su edén hacia un vacío chirriante que se chupo el arrullo del bosque con un constante rugido sordo que lo devoraba todo. El crepitar de los insectos y la brisa fresca de aquella noche, el lago y todo lo demás, le fue succionado y cambiado por una tétrica sinfonía de ruidos que lo reemplazó todo.
Sus ojos ardían, y no se acostumbraban a la vista. Su cuerpo ahora le era extraño, y parecía no responder como habitualmente lo hacía.
Fue arrojado a una superficie dura y fría, y en la áspera rigidez, descubría sus nuevas formas. Por primera vez en su vida sintió miedo, por primera vez en su existir sintió la soledad y el despojo. Sus ojos que aclaraban, le devolvieron el horror de su anatomía, su cuerpo ahora se observaba incierto, pálido, como sin vida, y se movía sin coordinar, como obligado por las circunstancias. Y por un único momento recordó aquel enorme ser que posó su boca sobre su cabeza, y las semejanzas de sus formas le produjeron nauseas. Y por primera vez en su vida sintió pánico, abandono, y por primera vez en su vida lo pudo transmitir. De su extraña boca, una corta y extraña lengua que ya no lo alimentaría, produjo un extraño sonido, que opacado por el bullicio de aquella calle, mendigando con palabras expresó su suplica: ayúdenme, por favor…

 
Nací en Rosario, Santa Fe, Argentina. El 19 de abril de 1969. Primero de tres hermanos y de un cuarto más tarde (bastante más tarde). Crecí en el seno de una familia de clase media, para la cual los lazos familiares, más que lazos; eran hilos sin atar. Fui a la escuela como cualquier hijo vecino. Mi infancia transcurrió medianamente dentro de los parámetros de lo que se puede catalogar como “normalidad”. Fui al secundario y después (durante también) estudié música. Pero mi vida nunca tuvo que ver con la literatura, quiero decir; siempre me encantó leer y escribir, pero no tengo ningún estudio académico literario, y no soy adepto a la literatura clásica (con excepción de Poe y Lovecraft). Que me inspira a escribir estas historias cortas?, digamos que muchas cosas, muchos estados de animo, muchas controversias. Digamos que pueden ser situaciones tan opuestas como sentirme maravillado por la belleza de algo o alguien, o sentirme perplejo y repugnado por la impunidad. Encontrarme agobiado por la rutina o curioso por saber qué viene después. Podría decirse también que caminé de la mano de la soledad y la fatalidad?, claro que si; aunque también me sentí inundado por la pureza y la ternura. Pero semejante variedad de estimulo-sensaciones vividas, serian un papel en blanco si no me diera apenas a conocer. Y quizás por eso el regocijo de amigos que han leído mis cuentos; porque vienen de la “tripa”, de la entraña, de allí adentro. Son pura y espontánea expresión. Son un acto consciente de la simpleza con que suceden. No es necesario tener un diccionario a mano para entender mi narrativa. Desde mis primeros tiempos en la escuela primaria, donde escribir redacciones o poemas para algún acto o ceremonia en particular era mi deleite, y hasta el día de hoy, existe un vinculo único e irreversible que por cierto no cambió con los años: lo espontáneo. Escritas en algunos casos en apenas horas, y en otros, en tan solo minutos. Son fruto de un determinado y repentino estimulo que los ideó, y casi siempre es el final. Como dato curioso, casi siempre escribo mis cuentos teniendo pulida y visualizada la manera en que concluirán. Tal es así, que desde ya pido disculpas por cualquier “distorsión literaria” que se me haya pasado por alto pese a las una y mil veces que los re leí y corregí, pero como queda claro, nadie dista mas de la perfección que yo, su humilde servidor. Marcelo

4 comentarios

  1. Otro de “Cerca de Ti”

     
  2. Estimado Marcelo:
    Un relato ameno que va atrapando desde el comienzo, con una historia que se disfruta.
    Mi felicitación y gracias.
    Un saludo.
    Emilia.

    —-<<<<<<<<<<<

     
  3. Gracias por compartir Marcelo, pasear de la mano con la amiga Soledad, teniendo en cuenta esa otra, no tan amiga, Fatalidad….experiencia si que da.

    Saludos.

     

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