Club literario El rincón del caminante

Ninfa (2014)

Ninfa (2014)

 

ninfa

“Los elementales no descienden de Adán, pero poseen las condiciones de lo humano.
Su psicología es como la de un niño y viven cientos de miles de años

Ellos tienen una conciencia del espacio-tiempo diferente a la nuestra, lo que les permite acumular sabiduría que supera las brechas generacionales.
Habitan aquí y en otro lado al mismo tiempo ya que hay muchos mundos y todos están en este.
Participan en él desde el espacio astral.
En el principio Dios creó el cielo y la tierra, el tiempo era diferente al actual.
En el principio nos fueron revelados secretos, en el principio no había distancia entre los seres elementales y el hombre, porque el hombre era niño.
Esta memoria ancestral es la que nos conecta a ellos y nos atrae.
Así como lo hacía el hombre al principio, el niño cree en ellos naturalmente.
Algunos se manifiestan de manera armoniosa y equilibrada…
Otros no…”

Ninfa

Desde aquella mañana en la que entraste revoloteando como dueña de este mundo, he cerrado las persianas a la espera de atraparte.
No consigo entender las diferencias entre el día y la noche, o entre el antes y el ahora o el después.
Pero desde que entraste mariposeando aquella mañana, mi vida se redujo a un cubículo que puedo abarcar con solo extender mis brazos.
Aun no he podido tenerte (a mi manera), pero estoy seguro (de esto si), que nadie puede negar que estoy loco por ti.
Desde que entraste aquella mañana como aleteando primorosa y fugaz, solo la luz artificial irradia mis sentidos. Y aunque apagada por las sórdidas paredes, mi voz se estanca y se enreda descubriendo tu nombre.
Ediflis…
Así te llamas. Así lo descubrí por casualidad como un susurro por entre el ronronear de tus alas. Tus rasgos Nórdicos se acentúan cada vez que te nombro: Ediflis…
Aun no consigo entender las diferencias entre el día y la noche.
Tan así pues:
De día, tu cabello caoba dibuja lujosas ondas en el aire y suaviza con cada roce la abadía de mi orbe.
De noche, se torna un crimson fuego que sofoca mi mundo tiñéndolo de averno.
De día, tu rostro perfecto y sonrosado alberga los mas tiernos ojos que desbordan bondad desnudando mi alma.
De noche, se compunge gélido y bestial y tu mirada destella blanqueando sus iris, arrancando sin permiso la piel de mis suplicas.
De día, tus perlados labios dibujan frases que inspiran mi existir.
De noche, palidecen resecos desterrando cada onza de mi dignidad.
De día, tus manos acompañan con su danza el ritmo de tu cuerpo, y modelan como arcilla virgen el contorno de mis formas.
De noche, arrasan mi entorno y me alejan de tu figura lacerando la mía, que sangra lastimosa por tu ira.
De día, tu ser resplandece como un ángel amigo que señala el cielo, me guía y me sosiega, y colorea hacia lo alto un camino.
De noche, caduca su esplendor y atesta mi morada con tormentos, me confunde y agita y me arroja huérfano al abismo.

Ediflis… Por que aun no consigo entender las diferencias entre el día y la noche? O entre el antes y el ahora o el después?

Antes, el sol entraba cada mañana por mi ventana y su luz dibujaba las formas que tanto amaba. Su tibieza llenaba de energía mi andar, y el aire circulaba límpido y jovial.
Antes, caminaba sin miedo, libre, dibujando notas en el aire que de a poco y con alegres matices llenaban la acuarela de mi día.
Antes, mis ojos centellaban vida. Mis manos poderosas y sin dudas buscaban, sembraban, y mi cuerpo florecía en cada rincón, fuerte, sano, dispuesto, en cada estación.
Antes, mi ser viajaba astral y no temía a egregores. Se alimentaba de aquel universo que lo nutria con su furia akásica…
Tan así pues:
Ahora, una pálida luz corona mi cielo (raso) y su frío haz proyecta la nada, y el aire se enrancia mientras trato de imaginar las formas que tanto amaba.
Ahora, estático y temeroso trato de emanar las correctas consonantes que describan el monocromo matiz de mis días.
Ahora, mis ojos extraviados aun te buscan. Mis manos se entumecen ligadas mientras mi cuerpo marchito y dolorido coagula, sana, tiembla.
Ahora, mi ser se extingue. Mientras el egregor vigilante se enquista en mi abatida espalda y conecta con migo a través de mis pensamientos, se alimenta de mis emociones, de mi atención, de mi intención, y me domina.

Ediflis…por que aun no puedo entender las diferencias?

Y como si mi plano se dividiese, siento desde atrás de mi, dos ásperas manos que ciñen mi cabeza y la enfocan hacia el cristal espejado de la pared. Mis ojos tardan un rato en aquietarse y enfocar. Entonces, sobre mi cabeza veo escrito tu nombre:

Ediflis <> sílfide.

Desde mi figura vacía exhalo un blanco halito mientras mis rodillas rebotan en el piso y mi espalda se vence por la carga de su designio.

Sílfide…

Ahora comprendo las diferencias entre el día y la noche, entre el antes y el después, y aunque mis ojos aun te buscan, y la luz te oculta ahora, yo se que no tardarás en llegar con las sombras, y elevo una plegaria por que exista un después… por que nunca aparezcas. Por una noche de tregua.
Mientras mis suplicas se hacen verbo, la pequeña ventana de la puerta se abre, y la voz retumba opaca amortiguada por las acolchonadas paredes:

-Vamos ya muchacho, a descansar. Se apagan las luces!

De repente, obscuridad…
Tan así pues, mi cuerpo aun no sana y mis ojos ya te buscan…

 
Imagen de perfil de Marcelo
Nací en Rosario, Santa Fe, Argentina. El 19 de abril de 1969. Primero de tres hermanos y de un cuarto más tarde (bastante más tarde). Crecí en el seno de una familia de clase media, para la cual los lazos familiares, más que lazos; eran hilos sin atar. Fui a la escuela como cualquier hijo vecino. Mi infancia transcurrió medianamente dentro de los parámetros de lo que se puede catalogar como “normalidad”. Fui al secundario y después (durante también) estudié música. Pero mi vida nunca tuvo que ver con la literatura, quiero decir; siempre me encantó leer y escribir, pero no tengo ningún estudio académico literario, y no soy adepto a la literatura clásica (con excepción de Poe y Lovecraft). Que me inspira a escribir estas historias cortas?, digamos que muchas cosas, muchos estados de animo, muchas controversias. Digamos que pueden ser situaciones tan opuestas como sentirme maravillado por la belleza de algo o alguien, o sentirme perplejo y repugnado por la impunidad. Encontrarme agobiado por la rutina o curioso por saber qué viene después. Podría decirse también que caminé de la mano de la soledad y la fatalidad?, claro que si; aunque también me sentí inundado por la pureza y la ternura. Pero semejante variedad de estimulo-sensaciones vividas, serian un papel en blanco si no me diera apenas a conocer. Y quizás por eso el regocijo de amigos que han leído mis cuentos; porque vienen de la “tripa”, de la entraña, de allí adentro. Son pura y espontánea expresión. Son un acto consciente de la simpleza con que suceden. No es necesario tener un diccionario a mano para entender mi narrativa. Desde mis primeros tiempos en la escuela primaria, donde escribir redacciones o poemas para algún acto o ceremonia en particular era mi deleite, y hasta el día de hoy, existe un vinculo único e irreversible que por cierto no cambió con los años: lo espontáneo. Escritas en algunos casos en apenas horas, y en otros, en tan solo minutos. Son fruto de un determinado y repentino estimulo que los ideó, y casi siempre es el final. Como dato curioso, casi siempre escribo mis cuentos teniendo pulida y visualizada la manera en que concluirán. Tal es así, que desde ya pido disculpas por cualquier “distorsión literaria” que se me haya pasado por alto pese a las una y mil veces que los re leí y corregí, pero como queda claro, nadie dista mas de la perfección que yo, su humilde servidor. Marcelo

1 Comentario

  1. Imagen de perfil de Marcelo

    Solo estoy trayendo los cuentos que publique en “Cerca de ti”
    Prometo poner nuevos pronto…

     

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