Club literario El rincón del caminante

De nuevo ante la vida

De nuevo ante la vida

denuevoantelavida

Publicado por Pilar Remartínez Cereceda el abril 27, 2016 a las 11:29am

Alicia circulaba por la carretera regresando a casa de su trabajo, cuando al girar por la plazoleta que comunica con la calle principal, vio salir un hermoso caballo blanco. Sin saber por qué, sintió la necesidad de acercarse hasta el hermoso animal para poder acariciarlo y cuando se iba acercando, el caballo pegó un brinco espectacular, desapareciendo en el acto.
—Tal vez un día la vida nos vuelva a unir—pensó Alicia —, ¿seremos los mismos? creo que he perdido otra vez la oportunidad de hacerte saber mil veces lo mucho que has significado para mí, no era mi deseo que las cosas terminasen de esta manera, lo siento.
Otro sueño que se desvanecía como otros tantos por este mundo. Se sentó a la sombra de un viejo pino, queriendo comprender lo que había visto en ese lugar, quiso saborear ese mágico momento mientras unos cálidos rayos del sol quisieron tomar protagonismo.
“Al final del día, las cosas no son como parecen” pensó. Se sentía cansada, y así sentada en ese viejo banco roto, después de estar un buen rato contemplando la llegada de la noche decidió irse a su casa.
Alicia se volvió a subir a su coche, tomó rumbo a su casa, no tardando mucho. Entró en el portal donde estaba sentado Jorge el portero que se encargaba de los cuidados de la finca.
—Buenas noches señorita Alicia —saludó el portero esperando un saludo de vuelta, cosa que no se produjo.
Alicia como un autómata cruzó el vestíbulo donde se encontraba el hombre y se dirigió hacía el ascensor que se encontraba en esa planta, subió y se dirigió hacía su casa, esa que ella consideraba su refugio. Ya dentro de su casa, se hizo un pequeño bocadillo y se dispuso para irse a descansar.
—Mañana será otro día —pensó —seguro que me levantaré con buen pie.
A las siete de la mañana, el despertador comenzó a sonar con el tradicional ringgggggg, lo apagó, abriendo los ojos muy despacio, “debió de coger algo de frío durante la noche”, pensó.
— ¿Qué gratificante podría ser poder paladear en ese momento un rico y humeante café? —Pensó —, precisamente no tenía otra cosa que hacer, no obstante… se quedó pensando unos segundos. En cierto modo, le ayudaba a concentrarse y poner en orden esas ideas que rondaban por su cabeza. Cuando se preparó el café, se sentó tranquila en la mesa, abrió su ordenador como tenía costumbre todas las mañanas y miró todas sus cuentas de correo. Leyó en el periódico una noticia que le llamó su atención en particular. “Las personas solitarias tienen dificultades para el compromiso” Por un momento se quedó perdida en ese lugar entre lo real y lo irreal. Fijó la mirada en un cuadro que colgaba enfrente en la pared, en el que había un barco que parecía que le invitaba a jugar con las olas inquietas de ese mar bravío. Cerró los ojos y respiró profundamente.
Necesitaba sentirse segura, precisaba de las rutinas para sentirse persona, desenterrar sus fantasías sin sospechas gratuitas, de anhelos extraviados sin más gestos ni conversaciones soberbias, simplemente necesitaba vivir tranquila.
No sabía cómo había llegado a este extremo. Tal vez la impotencia, la ansiedad, ese sueño de convertirse en alguien importante… Esa mañana Alicia al salir a la calle para ir a su trabajo, miró la ciudad con otros ojos, sabiendo que era una oportunidad muy valiosa para escapar de su antigua vida. Metió la mano en el bolsillo y sacó el último recuerdo que le quedaba de aquel hombre que había dejado tanta huella en ella.
—¿A quién le importa mi vida? Uno hace las cosas porque sí y ya está. No hay que darle más vueltas a la situación —pensó anudándose un pañuelo en el cuello—, estoy preparada para comenzar mi nueva vida. Entonces se sintió serena y segura como no lo había estado en mucho tiempo.
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