Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

¿Qué es ser torero?

Las definiciones siempre son sencillas y complejas a la vez, teniendo en cuenta que podemos observar en ellas aspectos externos o internos, que es posible que ahonden más o menos en la idiosincrasia de lo ponderado. Cuando, además, hablamos de figuras míticas, controvertidas incluso, todo resulta más difícil, puesto que, a buen seguro, siempre habrá alguien que nos rompa los modelos de pensamiento y juegue contra nuestra estructura establecida.

El mundo del toro no escapa a esto que decimos. Más bien se engloba dentro de sectores mucho más arduos de explicar o de valorar, habida cuenta de que grupos numerosos de población no terminan de comprenderlo y de aceptarlo.

Por ende, perfilar la figura de un torero no es una empresa que pueda acabar con resultados pacíficos, como diría un letrado. Un maestro es un tipo especial, y por eso no hay cánones que lo puedan acotar. Ni los hay, ni los habrá, ni sería bueno que los hubiera.

Hablamos de un ser mágico, con coraje, con empeño, con voluntad, con carisma, con un don  de gentes excepcional, y que es capaz de enfrentarse a las situaciones más peligrosas del mundo, mirando cara a cara a sus adversarios, procurándose dosis de empuje cuando otros se marcharían huyendo. El honor es su divisa. Por eso no se declara jamás en fuga.

Es, el torero, una suerte de prodigio, mitad dios, mitad hombre, que aprende el oficio que lleva en su corazón desde el mismo día en que nació. Hay historia en él e innovación. La mezcla procura un jugo peculiar. Sale a la plaza cada vez como si fuera el primer día, y como si lo fuera expone la vida para aprestarse a ponerse en peligro de nuevo.

Es verdad que muchos pueden reconocer a toreros más allá del albero. Los hay con ilusiones en sus mayores momentos de soledad. La cuestión es saber sobreponerse y hacerlo con gallardía y hermosura, con belleza y compostura. En las circunstancias y profesiones en que así nos movamos estaremos hablando de que ahí, en cierta forma, nos estamos topando con un prototipo.

Y es que por sus actos sabréis reconocer a quien lo es de quien no.

Juan TOMÁS FRUTOS.

2 comentarios

  1. Hola, Tomás. Lo que has escrito suena muy bien, pero no deja de ser un tema envuelto, cada vez más, en la polémica, aun en países como España y Portugal. Como te digo, tus palabras exaltan las características del hombre que lleva el toreo al nivel de arte, lo cuál es perfectamente aceptado, pero sólo para el mundo taurino; para aquellos que todos los días esperan con paciencia que llegue el domingo para ir a “partir plaza” desde las inmediaciones del coso. Para los que al menor estímulo respiran el olor a toro y en cada brillo ven las lentejuelas en el atuendo del matador; los que frecuentan las peñas aunque hayan evolucionado las formas y costumbres; los que siguen vibrando al son de los pasodobles. Pero el mundo ahora se divide en opiniones muy diversas. Hay mucha gente que reclama el respeto a la vida de los animales, con la misma devoción con que defienden sus derechos como disidentes. Es otra historia el hecho de que enarbolan la bandera de los derechos del toro, antes de pensar en los boxeadores, luchadores y otros deportistas que exponen su propia vida y la de otros seres humanos. Igualmente es otro tema el que la mayoría de los que hablan de la crueldad con los animales, son fervorosos consumidores de toda clase de viandas preparadas con base en el mundo animal, y no sólo eso, sino que visten y calzan la piel de las bestias que defienden.
    El asunto es que igual se puede hablar en los términos en que te expresas, elevando la figura del torero, pero debemos aceptar que el mismo derecho de expresión lo tienen los que pugnan por dar fin a la belleza primitiva y tan antigua de dos seres emergentes al mundo y a la vida que se enfrentan por la supervivencia, sólo que ahora por un tema en el que se involucra el prestigio, la fama, la realización y hasta el dinero, que para muchos, significa lo principal.
    Mi madre era muy apasionada en todo lo relacionado con la fiesta brava; tenía sus toreros favoritos como El Cordobés, tan discutido, o los mexicanos Eloy Cavazos y Manolo Martínez. Yo la llevé muchas veces a la plaza de toros. Entiendo los dos mundos, el que llena de emoción a los taurófilos y el que siembra dudas en cuanto a la ética de la convivencia entre animales, partiendo de que somos animales racionales.

  2. Saludos, Tomás. Un abrazo. Me gusta leer lo que escribes. El tema que abordaste hoy está lejos de los que acostumbras, pero no es menos interesante.

Deja un comentario