Club literario El rincón del caminante


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¡Salve Abuelo, Satánica Majestad!

¡Salve Abuelo, Satánica Majestad!

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Autor: Terryloki

¡Si supieran qué miedo puede tener un

fantasma de los hombres!                          

T.S. Eliot

La cita de Thomas Stearns Eliot, es muy cierta ya que los fantasmas en realidad existen y el fantasma de este poeta, dramaturgo y crítico literario anglo-estadounidense navega por el éter de la dimensión desconocida lleno de pavor. Thomas era de los pocos elegidos, al igual que yo, pero tuvo miedo a lo que las gentes comunes y vulgares llaman pecado, nunca encontró su camino y ahora vaga sin rumbo definido. Pero me estoy desviando como siempre acostumbro cuando me pongo a relatar algo, así que seré breve y preciso como quería otro elegido: René Descartes, él sí es uno de los maestros, lástima que su ideas y enseñanzas ya sean muy anticuadas y pasadas de moda, al igual que las ideas que el pueblo ordinario y aún el ilustrado tiene de nuestro Gran Maestro, el Príncipe de las Tinieblas, y de nosotros sus seguidores.

Para entrar en materia tengo que decirles que lo normal es el lado oscuro del hombre, ser bueno es artificial y cuesta mucho trabajo, por otro lado en nuestra época actual ser malo es cool, pero, se ha perdido su verdadera significación por un nuevo sentido de atracción comercial y esto lo hace intrascendente. Pero, para unos cuantos, que somos los héroes actuales, con nuestras debilidades que las convertimos en fortalezas, nuestra falta de rectitud moral (la mal llamada moral de las gentes débiles) y nuestro toque de cinismo, aunado a la maldad que es nuestro modus vivendi nos aprovechamos del miedo de la humanidad para lograr nuestros designios.

Y ¿Cuál es miedo que los hombres tienen? La respuesta es sencilla: la muerte. De hecho, los humanos somos los únicos seres vivos que nos preocupamos por ella, ya que sólo nosotros tenemos la capacidad de entenderla y para imaginarla en el futuro. Un perro que pierde a un ser cercano lo lame y lo huele con incredulidad, porque no entiende por qué ya no responde o por qué se modifica su olor. El humano débil llora porque sabe que no verá más al ser querido y porque sabe también que tarde o temprano la muerte lo alcanzará. Nosotros lo elegidos sabemos cómo lidiar con la muerte.

Todas las comunidades humanas han hecho de la muerte un objeto de curiosidad, de culto o de reflexión. Las religiones (excepto la nuestra: “Magick” que surgió de una mezcla del satanismo con la cábala, el hermetismo, el hinduismo, el budismo y el taoísmo, con su libro de la ley), parecen surgir directamente del intento por darle a la muerte un sentido o para entender el sentido de la muerte.

El culto a la muerte llega a su extremo en el antiguo Egipto (donde surgieron los primeros maestros satánicos) y en la Tenochtitlán mexicana, culturas en que la vida se convirtió en un simple proceso de preparación para la muerte.

Pero ya he desarrollado suficiente filosofía satánica para poder entender la historia que les voy a referir.

En la sala de juntas, situada en el último piso del rascacielos más funcional y alto de la Quinta Avenida de la Ciudad de Nueva York perteneciente a la Compañía Universal de Seguros S. A., se encontraban reunidos tres altos directivos, cuyas edades hacía mucho tiempo que habían rebasado los 80 años y esperaban al gerente general de la compañía.

—Para el señor López el tiempo no existe, se ve más joven cada día, con una salud de hierro, no me explico cómo le hace —dijo uno de ellos.

—Y tiene un ritmo de trabajo muy agobiante, aparte de atender a su joven esposa, creo que él le triplica la edad, la chica debe tener 25 años —comentó otro de los viejos.

— ¡Anda!, la edad casi la cuadruplica, pues fácil él tiene más de 90 años —opinó el tercero y añadió— es la cuarta esposa que tiene el jefe, a las primeras tres ya las enterró y él sigue como si nada.

En eso el señor López, gerente general de la Compañía Universal de Seguros y de hecho el mayor accionista, hizo su entrada a la sala de juntas y les dijo a sus socios:

—Los he citado para aclarar en qué situación quedará la compañía en caso de que yo falte, pues por mi edad es conveniente en pensar esa posibilidad, aunque yo espero que sea remota.

Uno de los reunidos, abogado de la compañía de manera servil se dirigió al señor López:

—Aquí están los documentos que me pidió para su firma, tomé en cuenta para su elaboración todos su deseos que tuvo a bien indicarme.

—Aunque no es mi costumbre dar explicaciones sobre mi vida, haré una excepción dada la importancia de lo que nos ocupa —el señor López tomo un respiro y continuó—, mis dos hermanos y sus familiares, todos sin excepción son unos inútiles y parásitos, así que no les dejaré ni un solo centavo. En cuanto a mi nueva esposa yo no me hago ilusiones, ella se casó con este viejo carcamal por mi dinero, por lo que en el contrato matrimonial sólo le especifiqué una cantidad suficiente de dinero para que lo malgaste con el cabrón gigoló que se conseguirá después —esta larga perorata la acompañó de alegres carcajadas y desde luego le hicieron coro sus compinches.

—Entonces, ¿Quiénes serán sus herederos, acaso instituciones de beneficencia? —preguntó uno de los vejetes.

—Desde luego que no, no estoy loco ni soy pendejo. Nombraré al único nieto que tengo como mi heredero universal. Ustedes no lo conocen y la verdad yo casi no le he visto, tengo más de veinte años sin preocuparme por él. Por fortuna fue el único retoño de mi difunto hijo, que como ustedes saben fue el que procreé con mi primera mujer. El chico es huérfano de madre también, pues ésta tuvo la gentileza de dejar el mundo hace mucho tiempo.

Sonreirás al pensar en el concepto equivocado que las gentes tienen de tu Maestro y repasarás lo que leíste hace tiempo:

 

     El Diablo siempre ha sido muy popular y a él se le culpa de todo, se afirma que tiene mucho poder y es capaz de cumplir todos los deseos; sin embargo a mí, todo esto me produce mucho desasosiego, no estoy conforme con lo que se dice del Diablo y la manera como lo presentan: un cazador de almas, como rescoldo de la antigua mitología griega, en que los dioses andan metidos en cosas humanas; así el Diablo andaría en el contexto de una metafísica moralmente interesada, sobre el conocimiento científico, la religión, la pasión, la seducción, la independencia y el amor, entre otros temas. El hombre en presencia del Diablo debe enfrentarse a cuestiones como el bien y el mal, escoger entre Dios y el Diablo, la sexualidad y la mortalidad”.

 

Puras tonterías pensarás satisfecho, y dirás que los imbéciles dignatarios de las religiones han hecho popular los anteriores conceptos. Por fortuna eso facilita el verdadero trabajo, donde está la grandeza de tu Maestro que es el dominio que tiene del mundo a base de la esclavitud económica, las grandes trasnacionales, las industrias de la guerra, las aseguradoras donde tú intervienes, el gran fraude de las mismas que por el miedo a la muerte de las gentes, les prometen en vida cuantiosas sumas al morir para sus familiares y cuando el asegurado muere con triquiñuelas los despojan de su derecho o les pagan muy poco y así es en los demás aseguramientos. . Esa es la verdadera maldad, lo demás es pura simulación.

Darás gracias a tu buena suerte, cuando eras un individuo de mediana edad (45 años) y un pobre burócrata en una compañía de seguros, encontraste en una librería de viejo de la capital una copia del genial libro El Códex Gigas que es el “libro grande” o “la Biblia del Diablo”, y gracias a sus enseñanzas tu suerte cambio. Te casaste con la hija de tu jefe y en poco tiempo éste falleció gracias a tus conjuros. Cuando tu esposa fue mamá, te encargaste también de eliminarla y empezaste tu vida de gran industrial y empresario triunfador hasta llegar a la situación que tienes.

Lo que no habrás podido descifrar es la receta de la eterna juventud, te habrás conformado con quitarles su esencia a mujeres jóvenes, varias amantes y dos esposas. Así mientras tú te mantienes sano, ellas rápidamente envejecen y cuando su energía vital ya no te sirve, haciéndoles un favor las desapareces. Verás con agrado a los viejos casados con mujeres en la flor de su edad pues son tus camaradas.   Nadie podrá acusarte de cicatero, pues los funerales de ellas fueron grandiosos.

Maldecirás la debilidad de espíritu del único hijo que tuviste. Lamentarás la decisión de dejar la educación del muchacho a terceras personas, tu excusa será que estabas tan ocupado que no podrías hacerte cargo. Los malditos jesuitas arruinaron su fortaleza y cuando él tenía 25 años en plenitud de juventud, siguiendo la receta de tu libro quisiste transmutar tu alma por la de él, intercambiando cuerpos. Gran fracaso, el muchacho sucumbió sin haberse completado el procedimiento. Por desgracia tu cuerpo siguió deteriorándose con la vejez. Pero seguirás estudiando el libro.

 

El elegante bar del hotel Marriot se encontraba alumbrado con una luz suave que no lastimaba los ojos y permitía a los parroquianos platicar con tranquilidad y como fondo una música ligera con un volumen adecuado para relajarse. Fuera del hotel caía una lluvia pertinaz que mojaba a la ciudad desde hacía una semana. Dos personas estaban en un reservado del bar para mayor intimidad, uno de ellos un joven apuesto y seguro de sí mismo, el otro un respetable anciano que representaba más de 80 años. El viejo se dirigió al joven:

—Puedo asegurarte que todo está en regla. Traje una copia del testamento de tu abuelo donde te nombra su único heredero —dijo el abogado y calculó que había que tratar el asunto directamente. Con satisfacción pensó que después de la investigación que había mandado hacer sobre el joven, éste era el sujeto perfecto, en su dossier se asentaba los múltiples problemas con la justicia que había tenido: fraudes, riñas en bares, incluso un asesinato, pero que por mala integración del expediente por el agente del ministerio público el juez lo desecho.

—Pero si el abuelo nunca me ha pelado —manifestó el nieto.

—Mira, voy a ser franco contigo —el abogado se quedó un momento pensativo y continuó— el señor López ya está viejo y nuestra empresas necesitan sangre joven. Desde luego tu abuelo no nos va hacer el favor de retirarse o morirse. Por lo que hay que tramitar su partida.

— ¿Qué me quiere decir? ¿Cómo sería el trámite de su partida?

—No te voy a engañar, el viejo está muy sano. Nosotros somos hombres de mundo, así que no te asustarás si te digo que hay que ayudarlo a irse y que deje de respirar oxígeno que está tan escaso.

—Quiere decir matarlo —dijo el nieto bruscamente.

—Sí, esa es la única solución.

—Pero ¿cómo? ¿Contratar a un sicario que le vacié una pistola?

—Claro que no, nosotros somos gentes modernas y civilizadas, nada de procedimientos violentos. Además causan muchas molestias. La manera será sencilla, ahora que lo visites, pues el viejo quiere verte, yo prepararé tres tragos para brindar y tú le ofrecerás la bebida a tu abuelo en una copa del más fino cristal cortado y ya. Es todo, en poco tiempo iremos a su funeral.

 

En la sobria pero funcional y refinada oficina del señor López tiene lugar el encuentro familiar, siendo el único testigo el abogado de la compañía.

—Me da gusto verte —dijo un avejentado señor López— te pareces mucho a mí cuando yo tenía tu edad.

—Gracias por su bondad al recibirme —dijo el nieto.

—Es necesario que festejemos por este feliz encuentro —y dirigiéndose al abogado el señor López le ordena— prepara unas copas para brindar.

El abogado con parsimonia procedió a efectuar el encargo, para lo cual se dirigió al refinado bar colocado en una esquina de la amplia habitación, en la parte central del bar existía un Tabernáculo de oro macizo, dentro de él se encontraban tres copas que reflejaban la diferencia de clases de la humanidad, una de vil barro, otra de vidrio ordinario y la tercera de finísimo cristal cortado de Bohemia. Sirvió del más fino coñac en las tres copas, él se quedó con la copa de vidrio ordinario, la de barro era para el joven y la del de finísimo cristal cortado de Bohemia se la pasó al nieto diciéndole:

—Ofrécesela a tu abuelo por tan feliz acontecimiento.

El muchacho con mano temblorosa recibió la copa y aunque trataba de aparentar aplomo al entregársela a su abuelo, sintió alivio cuando éste la tomó.

—Pues ya que los tres tenemos nuestras bebidas —anunció el señor López y sus ojos brillaban con un extraño y maligno fulgor— digamos ¡salud y hasta el fondo!

Los tres caballeros de la reunión degustaron todo el ardiente líquido quedando las copas vacías. Siguió un momento que parecía eterno, el clima del cuarto descendió. El abogado presa de miedo y expectación no separaba la vista del señor López.

Después de un tiempo que no se podría determinar, el señor López pareció primero levitar separándose inexplicablemente del piso su mirada expresaba sorpresa y estupor, y acto seguido cayó al suelo con un rictus de angustia y de dolor, mezcla de asombro y maldad.

 

En la hermosa Catedral, el excelentísimo Obispo oficiaba la misa de cuerpo presente de uno de los más preclaros hijos de la ciudad, el señor López, que durante tantos años había servido a la comunidad. Su deceso había llenado de consternación a los ahí presentes que abarrotaban el recinto eclesiástico.

—Con la bendición de Dios todopoderoso, podéis iros en paz, la misa ha terminado —dijo el obispo.

—Es curioso como los usos y costumbres existen en los entierros —dijo el abogado.

—Es parte del circo que nos hace más ricos. No te he preguntado ¿Cómo le hiciste para convencer al zonzo de mi nieto de ir a visitarme? —dijo el señor López en su nuevo y rejuvenecido cuerpo.

—Fácil, el chico era muy ambicioso y tú sabes que es uno de los alicientes que tiene el hombre para realizar tonterías.

—Fue divertido ver la mirada final que nos dirigió mi descendiente ya en el cuerpo viejo y decrépito en que había pasado su espíritu, grandísimo baboso se dejó llevar por la presunción, pensó que en la copa valiosa estaba el veneno, nunca le pasó por la mente que las apariencias engañan, la pócima estaba como está escrito en el libro en la copa de barro.

— ¿Y ahora qué pasará con su espíritu?

—Pues se convirtió en un fantasma despistado y errante como hay tantos en la dimensión desconocida, claro, cuando por alguna razón se haga visible tomará la imagen de un viejo decrépito y despreciable —dijo el señor López y le preguntó al abogado— ¿Has encontrado algún familiar que sirva para tu transmutación ahora que hemos dominado el procedimiento?

—Por haber permanecido soltero no tengo familiar directo como hijos o nietos, pero por ahí encontré a un hijo bastardo de mi hermano. Espero que éste sirva, ya que ha sido carne de presidio, la maldad habita en él desde hace mucho tiempo. Me lo estoy trabajando, desde luego tú me ayudarás en este proyecto.

—Dalo por hecho, pues nosotros somos los elegidos y…

 

 

 

4 comentarios

  1. Mi querido Héctor:
    Grandiosa publicación de nuestro amigo Terryloki, siempre recordado. Un cuento muy adoc para
    esta fecha, bellamente escrito de su pluma que bien conozco. Ojalá pronto pueda darse el tiempo
    para volver a escribir, por el momento he disfrutado a concho sus letras.
    Gracias Maestro por compartirlo.
    Mi felicitación que llegue hasta Puebla, México.
    Para ti un abrazo cariñoso.
    Emilia.

     
  2. Mi querida Emilia:
    El buen Terry, me comunico con él por Facebook, no escribe ya y me da la impresión de que le pasa lo que a muchos aspirantes a escritores que no se animan a escribir por temor de no estar a la altura de lo que se espera de ellos. Lo correcto es escribir, total si te sale mal, pues vuelves a escribir. Puse este post de nuestro amigo por ser motivo de la fecha de brujas, diablos y muertos. Espero estés bien y recibe un abrazo.

     
  3. Si supieran los fantas cuanto miedo les tengo, estarían más tranquilos. Me ha gustado mucho, engancha de principio a fin. Te puedo asegurar, que mañana lo leeré otra vez.

     
  4. Mi querida Isabel:
    Cuanta razón tienes en lo de los fantasmas, sobre todo los interiores que nos atormentan a los que tenemos muchos inviernos acumulados, nuestros recuerdos son de cuando nos ha ido mal, curioso, ¿por qué será?
    Recibe un abrazo desde el norte de México.

     

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