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Club literario El rincón del caminante


Club literario El rincón del caminante

Un Dios pagano

Un Dios pagano

UN DIOS PAGANO

Amigos, sé que no se debe hablar y menos escribir sobre política y religión. Sin embargo, permítanme platicarles una serie de hechos que han destruido mi escepticismo.

Soy un hombre viudo, sin hijos, de mediana edad, voy a viejo, la verdad. Al inicio de mi relato no tenía trabajo y poquísimo dinero para sobrevivir escasos días, como me consideraba ateo, no tenía reparos, y pensé en el suicidio. ¿Para qué quería la vida en mi triste situación?

La suerte al fin mujer es veleidosa, un tío lejano, riquísimo, me pidió que lo visitara:

—Tú eres mi único pariente vivo — me dijo—  aparte de mi nieto, maldito muchacho, es conservador irredento, pilar de la iglesia, pero eso sí, asertivo en los negocios.

Al quedarse callado le cuestioné:

— ¿Para qué me llamó?

— Tengo un cáncer terminal, la gente siempre ha dicho que soy un viejo excéntrico, pero, quiero dejar mis cosas arregladas. Mi fortuna la repartiré entre tú y mi nieto, pero con una condición.

De inmediato pensé: “esta propiedad abarca varias hectáreas, incluyendo parte del bosque que la circunda. Un bosque hermoso”. Me alegré y pregunté “¿cuál es la condición?”

— Que conozcas y le lleves una ofrenda al Dios de la Naturaleza y por ningún motivo permitas que le falten al respeto.

Al final de la propiedad ya en el bosque hay una estatua de un muchacho moreno, muy bello con una mirada diabólica. Al pie de ésta, hay un espacio para poner las cenizas cuando el tío fallezca. La ofrenda que llevé era fruta. Al depositarla, escuché una música melodiosa proveniente de una flauta y entreví al muchacho vestido con ropa griega de antes de nuestra era. Debo confesar que sentí un escalofrío.

El viejo pasó a la dimensión desconocida y fue cuando conocí al nieto que prepotente me dijo:

— Vamos a vender la propiedad para construir un club deportivo, con campo de golf. Todo con lujo y así aumentará de valor. Por cierto, corrí a un muchacho estrafalario que deambulaba por el bosque y me dio risa su amenaza.

Fuimos a inspeccionar la propiedad. Al ver la estatua el nieto dijo en tono burlón: “esa porquería, junto con las cenizas del viejo es lo primero que vamos a desaparecer”. Se desató una tormenta horrísona y de la nada aparecieron dos cerdos salvajes que destrozaron al nieto y lo que llenó mis ojos de horror fue cuando en mis oídos sonó el eco de la risa de un muchacho, argentina y ambigua.

 

 

 

4 comentarios

  1. Un placer leerte, impresionante relato….
    Abrazos
    Natuka

  2. Natuka:
    Es un honor que hayas concedido a mi cuento el destacado. Gracias.
    Un abrazo.

  3. Muy buen relato. A veces los herederos, en este caso obligado, no le dan valor a todos los esfuerzos y el cariño depositado por el dueño originario de esos tesoros. Una “mano misteriosa” los protegió de la destrucción.
    ¡Felicitaciones, Terencio!
    Saludos.

  4. Delia Checa, sé que no debe explicarse ni justificarse lo que uno escribe. El cuento, poema, etc. debe tener valor propio. Pero, por esta vez se me ocurre decir: El culto a PAN se ve en las regiones boscosas y los habitantes creen en él, claro, en su subconsciente.
    Gracias por tu comentario, es un aliciente para mí.

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